
Francisco Javier Morales Hervás y Aurora Morales Ruedas / Doctor en Historia y Graduada en Historia del Arte
Cuando en 1773 nacía en Madrid una niña, a la que se le pondría por nombre Teresa, nada parecía indicar que llegaría a tener un singular protagonismo en uno de los procesos que acabarían por cambiar el devenir histórico de la humanidad. Juana María Ignacia Teresa fue la única hija del matrimonio formado por Antonia Galabert y Francisco Cabarrús, financiero de origen francés. Era una familia acomodada, con buenas relaciones en la Corte de los Borbones, que facilitaron el ascenso político y social de Francisco, que fue ministro con Carlos III y fundador del Banco de San Carlos, que puede ser considerado como el origen del actual Banco de España. Antonia y Francisco delegaron el cuidado de su hija en manos de nodrizas y monjas, que le proporcionaron una sólida formación, que también incluyó ideas ilustradas. Desde muy pequeña destacó por su simpatía, don de gentes y hermosura, que no pasó desapercibida para muchos hombres, hasta el punto de haber tenido varios pretendientes desde muy joven, entre los que se encontraba, incluso, un tío paterno, circunstancia por la que probablemente su padre decidió enviarla junto con su madre a Paris en 1785.
En la capital francesa terminó de forjar su proceso formativo a la vez que asistía a diversas fiestas organizadas por la nobleza cortesana, en las que pudo mostrar sus indudables atractivos personales, que muy pronto llamarían la atención de aristócratas como el marqués de Fontenay, doce años mayor que Teresa, con quien se casaría en 1788, cuando ella aún no había cumplido los quince años. Era un matrimonio pactado entre ambas familias que no acabó de funcionar, pues muy pronto los esposos empezaron a mantener vidas separadas, a pesar de lo cual en mayo de 1789 nació su único hijo, Théodore. La situación de la pareja se complicó aún más dos meses después con el estallido de la Revolución Francesa, que provocó el pánico entre muchos nobles como el marqués de Fontenay, que acabaría huyendo de Francia, tras haberse divorciado de su esposa. Teresa tampoco se sentía segura en Paris, sobre todo tras el inicio de la época del Terror protagonizada por Robespierre, por lo que decidió alejarse de la capital revolucionaria. En un primer momento parece que su intención era regresar a España, pero finalmente acabaría instalándose junto con su hijo en Burdeos, donde poco después de su llegada conocería a Jean Lambert Tallien, que había sido enviado por Robespierre a Burdeos para aplicar su política sangrienta y radical, en la que la guillotina adquirió un especial protagonismo.
Teresa vivirá todo este proceso de radicalización revolucionaria con preocupación y angustia, pero decidirá intervenir con el fin de reducir sus consecuencias y para ello será fundamental la apasionada relación que mantendrá con Tallien, pues con ella lograría influir en el político jacobino para reducir la dureza en las detenciones y en los juicios. Teresa estableció una especie de “oficina” en el Hotel Franklin, donde recibía numerosas peticiones de clemencia, que posteriormente tramitaba aprovechando su influencia sobre Tallien, logrando con ello salvar muchas vidas, lo que le hizo ganarse el reconocimiento de los habitantes de Burdeos, que llegaron a adjudicarle el sobrenombre de Nuestra Señora del Buen Socorro.

Izq.: Jean Lambert Tallien, enviado por Robespierre a Burdeos para aplicar su política sangrienta y radical. Centro: grabado que representa la muerte de Robespierre en la guillotina. Dcha.: Castillo de Chimay, donde Teresa pasó la última parte de su vida dedicada a su afición como pintora de miniaturas y a la promoción de la cultura.
Robespierre conocerá con creciente suspicacia y preocupación la influencia que Teresa estaba ejerciendo sobre Tallien y decide acabar con ello ordenando el encarcelamiento de la española en la prisión de la Force, donde conocerá a Josefina de Beauharnais, futura esposa de Napoleón. Ante esta desesperada situación, el enamorado Tallien decide denunciar las prácticas tiránicas de Robespierre, logrando en el mes de Thermidor (julio) de 1794 su destitución y posterior ejecución en la guillotina. A finales de ese año Teresa y Tallien se casarían y fruto de esta unión nacería una niña que recibió el nombre de Rose Thermidor. El protagonismo de Tallien irá decreciendo y es posible que ello influyera en el creciente desapego mostrado Teresa, que probablemente esperaba tener mayor proyección en la política francesa, por lo que acabaría abandonando a Tallien, que será sustituido en el corazón de Teresa por Barras, uno de los políticos más influyentes en la época del Directorio, período en el que, tras los excesos de la etapa del Terror, los sectores más acomodados de la sociedad querian recuperar una vida más alegre y en este contexto volverá a brillar Teresa, que compartiendo protagonismo con Josefina Bonaparte, marcará tendencias en modas y costumbres, pero tras el nombramiento de Napoleón como emperador la figura de Teresa quedó relegada y su influencia sobre la sociedad parisina se desvaneció.
A pesar del protagonismo perdido, Teresa seguía manteniendo su magnetismo, que acabaría atrayendo a François de Riquet, conde de Caramán y príncipe de Chimay, con quien se casaría en 1805. Nuestra protagonista tenía tan solo 32 años, pero los había vivido tan intensamente que resulta comprensible que decidiese dar un nuevo rumbo a su vida tras este matrimonio, estableciéndose en el castillo que su esposo tenía en la localidad belga de Chimay, donde se dedicó a su afición como pintora de miniaturas y a la promoción de la cultura, especialmente de la música, apoyando la labor de artistas como el violinista Charles de Bériot, el compositor Luigi Cherubini y la cantante María Malibrán. La española que destacó por el protagonismo que alcanzó durante algunos de los episodios más notables de la Revolución Francesa moriría en 1835 en la tranquilidad de sus posesiones de Chimay.