
Juan Díaz-Benito / Periodista Deportivo
El fútbol sala está transformando, incluso desde el punto de vista sociológico, la vida de una ciudad de apenas dieciocho mil habitantes. Cada quince días, el Manzanares Arena presenta unas gradas repletas de público, entregado y orgulloso de su equipo. La comunión entre afición y plantilla se ha convertido en una de las señas de identidad de esta temporada.
La historia del presente curso comenzó con la clasificación del Quesos El Hidalgo para disputar la Copa de España, un hito que refleja la grandeza del deporte. Hace apenas un año, el equipo luchaba por evitar el descenso; hoy se codea con los mejores conjuntos de la Primera División. No hay milagros en el deporte: detrás de este éxito hay un trabajo excepcional de la plantilla y del cuerpo técnico, respaldado por la labor constante de una junta directiva encabezada por Manuel del Salto.
El segundo gran capítulo de la temporada se ha escrito en varios encuentros disputados. Más allá de los resultados, lo verdaderamente relevante ha sido la entidad de los rivales. El conjunto manzanareño ha plantado cara a dos de los mejores equipos de España, el Pozo Murcia y el FC Barcelona.
El partido en Murcia marcó un antes y un después en la historia del club. El Quesos logró una victoria de enorme autoridad ante uno de los grandes referentes de la liga española. Posteriormente, frente al Barcelona, firmó un empate a tres goles en un encuentro vibrante que pudo caer de cualquier lado.
El mérito de esta trayectoria es incuestionable: un equipo de fútbol sala no solo está compitiendo al máximo nivel, sino que está cambiando la historia y la vida deportiva de Manzanares.