Francisco Javier Morales Hervás y Aurora Morales Ruedas / Doctor en Historia y Graduada en Historia del Arte

En la anterior entrega pudimos conocer a algunas pioneras, que en un contexto muy complejo, lucharon para poder dar rienda suelta a su creatividad artística y literaria. Ahora vamos a presentar a otras creadoras, insuficientemente reconocidas, a pesar de que contaron con el apoyo de una de las mujeres más importantes de la Historia de España.

Muchas personas conocen el popular barrio madrileño de La Latina, pero es probable que buena parte de ellas desconozcan que esta denominación se debe al calificativo con el que se conoció a una extraordinaria mujer, Beatriz Galindo, que nació en 1465 en Salamanca, ciudad en la que desde hacía unos 250 años se había fundado una de las universidades más prestigiosas del mundo, en la que Beatriz pudo desarrollar estudios de lenguas clásicas. Los Reyes Católicos, conocedores de la fama de los estudios salmantinos, no dudaron en buscar en Salamanca a algunos de los que serían los maestros y preceptores de sus hijos. A pesar de su juventud, la fama que había adquirido Beatriz por su notable cultura y sus conocimientos en lenguas clásicas, hizo que la reina Isabel la incorporase a su corte hacia 1486 y desde entonces permaneció siempre cerca de la reina a la que asesoraba en cuestiones culturales e, incluso, en aspectos del buen gobierno a través de sus sabios consejos y de sus comentarios de obras de autores clásicos como Aristóteles. La influencia de Beatriz favoreció el conocimiento y la difusión en la España de los Reyes Católicos de las corrientes artísticas, literarias y filosóficas vinculadas al Humanismo y al Renacimiento.

Beatriz ejerció una notable influencia sobre la reina Isabel, con la que mantenía frecuentes reuniones, aunque a partir de su matrimonio en 1495 (propiciado por la reina) con Francisco Ramírez, regidor del concejo de Madrid, empezó a residir habitualmente en esta ciudad. Parece que Beatriz también estaba bien dotada para las finanzas, pues supo administrar muy bien los recursos económicos familiares, que, en gran medida, empleó para impulsar la creación en Madrid de algunas fundaciones benéficas y religiosas, concretamente un hospital y dos conventos de concepcionistas, a los que dedicó buena parte de sus esfuerzos tras la muerte de su marido en 1501 y, sobre todo, tras la muerte de la reina Isabel en 1504. Desde su privilegiada posición también ejerció una notable influencia en la política municipal madrileña, llegando a intervenir en la definición del trazado urbano de una zona de la actual capital de España, que es, precisamente, el barrio que hoy día es conocido como La Latina. Aunque tras la muerte de Isabel la Católica su influencia en la corte descendió considerablemente, siguió manteniendo relación con la monarquía hasta su muerte en 1534, de hecho, tanto Fernando el Católico como Carlos I fueron a visitarla a Madrid para consultarle sobre algunos documentos de la época en que actuaba como consejera de la reina.

Izq.: Beatriz Galindo, La Latina. Cenotafio de 1531. Monasterio de la Concepción Jerónima. Madrid. 2ª imagen.: Florencia Pinar expresaba con un lenguaje de simbolismos y metáforas una visión alternativa al “amor cortés” de los poetas medievales. 3ª Imagen: Supuesto retrato póstumo de Luisa de Medrano (a la izquierda) como Sibila Samia del conjunto “Profetas y Sibilas” de Juan Soreda, c. 1530. Dcha.: Monumento a la Latina en la Puerta del Ángel. Madrid (Foto Carlos Teixidor Cadenas)

Otra de las damas cultas de las que se rodeó Isabel la Católica fue Florencia Pinar, nacida hacia 1470, que destacó por su labor como poeta al participar en festivales poéticos y al realizar una serie de composiciones líricas en las que habla de las relaciones amorosas con un lenguaje repleto de simbolismos y metáforas a través del cual expresaba una visión alternativa al “amor cortés” de los poetas medievales al mostrar a las mujeres como un sujeto activo en la relación amorosa, que concibe como un juego repleto de luces y sombras, de dolores y gozos. La calidad de sus creaciones poéticas le permitió ser incluida, junto a centenares de escritores masculinos, en el Cancionero General, recopilación poética del siglo XV.

Luisa de Medrano nació en Atienza (Guadalajara) en 1484. Pertenecía a una familia nobiliaria próxima a los Reyes Católicos, por lo que en 1487 al morir su padre, Diego López de Medrano, durante el cerco de Gibralfaro, fue acogida junto a sus hermanos por la reina Isabel en la corte, donde recibió una cuidada formación que le permitió alcanzar una notable erudición, hasta el punto de llegar a ser profesora de la Universidad de Salamanca, primero como sustituta temporal del célebre profesor Antonio de Nebrija y más tarde como profesora de Humanidades y de Derecho, llegando a obtener la cátedra de Gramática en 1513. Aunque su obra literaria no ha llegado hasta nuestros días, se conservan algunos testimonios de destacados personajes de la época, como el humanista italiano Lucio Marineo Sículo, quien en una carta redactada en 1515 describió a Luisa de Medrano como una mujer que aventajaba a todos los varones de España en elocuencia de lengua latina.