Carlos Caballero / Arqueólogo Colegio de Profesionales de la Arqueología

El esplendor del pasado deja a menudo testigos de piedra. Hoy viajamos a Torrelaguna, en el valle alto del Jarama, para conocer la iglesia de Santa María Magdalena, uno de los templos góticos más notables de toda nuestra Comunidad y que, por sus dimensiones y sus características, merecería ostentar el título de “Catedral del Norte”, si tal reconocimiento existiera.

La apabullante iglesia parroquial de Torrelaguna se sitúa en el mismo centro del casco urbano y hoy se nos presenta como un testimonio del momento de mayor esplendor del núcleo torrelagunense. El templo empezó a construirse hacia 1430 y, como sucede a menudo, en el lugar en el que ya existía uno más antiguo del que no conocemos vestigios. En este caso, además, la iglesia de la Magdalena está apenas a unos metros de donde se situaba una atalaya medieval, en torno a la cual surgió la actual población. Sobre estas construcciones volveremos en una próxima entrega de Nuestro Patrimonio.

En la construcción de este imponente edificio encontramos nombres recurrentes en la historia del piedemonte serrano: el arzobispo Martínez Contreras (que empezó la iglesia actual) y los Cardenales Mendoza, Cisneros (a cuya iniciativa se debe la torre, una de las mejores de todo el patrimonio madrileño, y la fachada a la plaza mayor) y Fonseca, encargado de finalizar la construcción, hacia 1530, un siglo después de su comienzo.

Si al exterior la iglesia de la Magdalena se nos presenta como un magnífico ejemplo del momento de esplendor del gótico, con su ya citada torre y sus dos portadas, una de ellas, la de la Resurrección, flanqueada por dos grandes capillas semicirculares que le dan al conjunto aire de muralla medieval, en el interior –actualmente sometido a un proceso de restauración- nos aguardan exquisitas muestras de arte mueble, como los púlpitos, la pila bautismal gótica o el retablo de la capilla mayor.

Superviviente de dos guerras, la de la Independencia y la Civil, la iglesia de la Magdalena es, sin duda, el más destacado monumento de Torrelaguna, pero no el único. La villa cuenta, además, con el antiguo pósito, que cobija hoy al Ayuntamiento. Pósito era como se denominaba a los almacenes de grano, y éste de Torrelaguna fue construido en 1514, habiendo superado, por tanto, los cinco siglos de vida, y siendo testigo en ese tiempo, desde sus soportales y su airosa balconada, de los principales acontecimientos de la historia local. A quien ordenó la construcción de este almacén fundamental para la ciudad se le recuerda, cerrando el conjunto formado por la iglesia y el pósito, con una cruz que lleva su nombre, el Cardenal Cisneros, como homenaje al torrelagunense más ilustre, que nació hacia 1435.

Al salir del casco antiguo, donde aún nos cruzaremos con conventos, como el de las Concepcionistas, el de la Madre de Dios o el de las Carmelitas, y con el Hospital de Peregrinos, donde hoy se ubica la Casa de la Cultura, veremos que la ciudad conserva aún notables restos de un maltrecho recinto amurallado en el que destacan algunas puertas bien conservadas, como la del Cristo de Burgos. Nosotros saldremos, prometiendo volver pronto, por el arco de San Bartolomé, que recibe al viajero exhibiendo orgulloso el nombre de la villa a la que por él se entra.

(Para ampliar la información sobre el patrimonio monumental de la localidad de Torrelaguna puede descargarse el folleto editado por la oficina de turismo, en este enlace: https://turismo.torrelaguna.es/folleto-turistico.pdf).