Fidel Torres / Periodista

Me comentaba el mes pasado. ¡oh indignado maestro! su gran malestar por cómo nuestros actuales políticos no sólo no se preocupan de ser honestos sino que se desentienden totalmente por parecerlo, no tomando como ejemplo al gran Cayo Julio César cuando repudió a su esposa no por lo que no había hecho, pues era totalmente inocente, sino porque para alguien (naturalmente con maldad) podría quedar la duda sobre su virtud.

– Sí, Lorencito, sí. Me indigna la falta no sólo de ética de nuestros mandamases (pues cada vez mandan más) sino también, y quizá más, su falta de inteligencia. Estamos gobernados, en general, por mediocres, que es lo peor que se puede decir de una persona, que sea una mediocridad.

– Y la conversación había empezado por causa de los últimos escándalos relativos a comisiones (legales o ilegales, eso ya se verá en los tribunales) sobre el material sanitario adquirido por las administraciones, a través de intermediarios, durante los duros tiempos de la pandemia de COVID. Pero ¿le sorprende, acaso, que exista corrupción en nuestra sociedad y especialmente entre los políticos?

– No, Lorencito, no. No me sorprende. Y si me prestas un poco de atención, y aportas unos gramos de paciencia, te enumeraré algunos de los numerosos casos de corrupción que han azotado a España salpicando a toda clase de partidos políticos.

– A unos más que otros, supongo.

– Sí. Pero no voy a insistir en este aspecto, pues al final de estos artículos se verá que eso, la cantidad de estafas o delitos, no es lo principal, sino cómo se gestiona, por parte de los propios partidos, ese cáncer social de la corrupción.

-Pues soy todo oídos.

– Deseo empezar por uno de los más sonados ya en tiempos de la II República: los escándalos del “Estraperlo” (venta ilícita de licencias de importación y exportación) y el “Asunto Nombela” (pérdida de dos buques en la colonia española de Guinea Ecuatorial), los cuales supusieron el derrumbe del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Hubo más, pero no tenemos espacio. En cuanto a los 40 años de franquismo, son punto y aparte. Se cerró el ciclo con el famoso caso Matesa (una guerra interna entre familias del Régimen), así como con el aceite de Redondela, pero eso sólo fue la guinda, porque el Régimen todo lo silenciaba. Es interesante apuntar lo que comenta Sánchez Soler en su libro “Los Franco S.A”: “Los Franco estaban convencidos de que su actividad era lícita e incontestable en un país sumiso como España. Un convencimiento en su propia impunidad que no tenía nada de subjetivo: estaba amparado por la ley, Por su parte José Muñoz Lorente, profesor de Derecho Penal de la Universidad Carlos III, afirma que “durante el franquismo, las conductas de tráfico de influencias estaban totalmente aceptadas, e incluso institucionalizadas, en la actuación de las Administraciones Públicas. En otras palabras: si el tráfico de influencias no era delito, ¿por qué iba a ser algo malo la corrupción?”. En definitiva, Lorencito, no sólo la corrupción campaba por sus respetos sino que la impunidad era total.

– De acuerdo, era una dictadura, pero con la llegada de la democracia, las cosas debían cambiar. ¡Vamos, supongo yo!

– Pues supones mal. Si he empezado a enumerar por la II República ha sido por no retroceder más, tanto en el reinado de Alfonso XIII como en todo el siglo XIX, firmes pilares, esas dos épocas, del templo erigido en honor a la estafa, la mentira, el engaño, la rapiña y, sobre todo, la impunidad de los más canallas, templo que hoy sigue en pie, con gran salud, remozándose cada cierto tiempo y brillando más que el lucero del alba.

-Bien, enumeremos, pues, las más gordas manchas de la democracia.

– Ahí va. Durante los gobiernos de Felipe González (1982-1996), se destaparon, entre otros, los casos KIO-Caso Urbanor: suspensión de pagos por valor 1.803 millones de euros (El gerente de esta sociedad en España, Javier de la Rosa, y sus colaboradores habrían robado, 180 millones de euros); Caso de los fondos reservados: desvío de partidas destinadas a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico por valor de 5 millones de euros entre 1987 y 1993 para uso privado; Caso Filesa: financiación ilegal del PSOE a través de las empresas tapadera Filesa, Malesa y Time-Export entre 1988 y 1990; Caso Guerra: juicios a Juan Guerra, hermano del vicepresidente Alfonso Guerra, por cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones, de los que fue finalmente absuelto en su mayoría. Caso Urralburu: una trama de prevaricación y cohecho por cobro de comisiones ilegales en las obras públicas realizadas por el gobierno del presidente socialista de Navarra, Gabriel Urralburu, entre 1987 y 1991. Urralburu, fue procesado y condenado junto al ex consejero Antonio Aragón.

– Por lo que veo todos los casos afectaron al PSOE. ¿Y el resto de partidos?

– Tranquilo chaval, que sólo estamos en el inicio del principio de los entremeses. Faltan muchos años por delante y mucha mierda para todos. Paciencia porque esto… (Continuará)

 

Foto superior: Torres Kio (Puerta de Europa), Madrid