Raúl Fernández Sánchez / Colaborador BM Caserío

Con la llegada de noviembre, en Caserío volvimos a vivir uno de los momentos más especiales del año: el inicio de las competiciones escolares. Es un tiempo que siempre nos llena de orgullo, porque vemos cómo nuestros niños y niñas vuelven a llenar los pabellones, los patios y las canchas con esa mezcla de ilusión, nervios y alegría que solo el deporte de base sabe despertar. Y este año, además, lo hacemos con más fuerza que nunca.

Nuestra escuela, la Escuela del Caserío, está formada ya por más de 400 niños y niñas. Son la representación más pura de aquello en lo que creemos. Porque sí, competimos, entrenamos y soñamos con metas deportivas… pero nuestro compromiso va mucho más allá del marcador. Cuando abrimos la puerta del pabellón cada tarde, sentimos que entran mucho más que futuros jugadores de balonmano: entran personas a las que acompañar, a las que ayudar a crecer y con las que compartir valores que para nosotros son innegociables.

Queremos, además, enfatizar nuestro compromiso a largo plazo con el Ayuntamiento de Poblete. Una alianza que fortalece nuestro vínculo con el territorio, que nos permite llegar a más familias y que demuestra que el balonmano no es solo un deporte, sino una herramienta social de primer nivel. Para nosotros, que un ayuntamiento confíe de esta manera en el Caserío es un orgullo y una responsabilidad. Queremos seguir estando a la altura, y lo estaremos.

En total, ponemos en marcha 16 equipos de categorías inferiores, cada uno con su historia, sus ritmos, sus talentos y sus sueños. Para nosotros, cada grupo es un pequeño universo en el que aprendemos tanto como enseñamos. Y lo hacemos siempre con un mensaje claro: lo importante no es solo ganar, sino aprender a trabajar en equipo, respetar al rival, superar derrotas, celebrar los avances y estar siempre cerca de las familias que nos acompañan, que nos ayudan y que nos sostienen.

En Ciudad Real, el Caserío quiere ser algo más que un club. Queremos ser un motor social, un espacio donde los niños y niñas encuentren referentes, hábitos saludables y una comunidad que los apoya. Nuestra fuerza está en la cantera, en la gente que empieza desde abajo, en los que entrenan con el corazón por delante y en los que construyen día a día la identidad que nos hace diferentes.
Noviembre marca el inicio. Pero la historia -nuestra historia- la escribimos juntos, cada tarde, cada partido y cada pequeño gesto que hace del Caserío mucho más que un equipo.

¡Vamos Caserío!