Francisco Javier Morales Hervás y Aurora Morales Ruedas / Doctor en Historia y Graduada en Historia del Arte

La llegada de los Borbones al trono español en el siglo XVIII favoreció la incorporación de ciertas novedades, en muchos casos más estéticas que de profundo calado, que poco a poco contribuyeron a introducir reformas administrativas y culturales que pretendían modernizar nuestro país siguiendo el modelo francés. Se impulsará la creación de instituciones como la Real Academia de la Lengua o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A este ambiente de renovación cultural se sumarán importantes miembros de la aristocracia y de la burguesía, entre los que también podemos encontrar destacadas mujeres como María Josefa Pimentel y Álvarez de Toledo.

Nuestra protagonista nació en 1752 en el seno de una notable familia aristocrática, concretamente su padre era conde de Benavente, título que María Josefa heredaría tras la muerte de su padre en 1763. Desde niña mostró una gran curiosidad por la literatura, las artes y las ciencias, que pudo satisfacer al vivir en un privilegiado entorno familiar que le facilitaba, no solo el acceso a una cuidadosa formación, sino también el contacto con importantes intelectuales de la época. En 1771 contrajo matrimonio con Pedro Téllez de Girón, duque de Osuna, y este enlace reforzó aún más la capacidad de la duquesa para entablar relaciones con destacados personajes de la cultura, para lo cual no dudó en crear en su palacio madrileño una tertulia artística y literaria, en la que, en ocasiones, también se obsequiaba a los asistentes con conciertos dirigidos por afamados músicos como el compositor y violonchelista Boccherini. Esta tertulia muy pronto alcanzó una fama notable al formar parte de ella lo más selecto de la sociedad y los miembros más sobresalientes de la intelectualidad del momento, como Jovellanos, Moratín, Juan de Villanueva, Tomás de Iriarte o Ramón de la Cruz, que contribuyeron a difundir las ideas ilustradas en la España de la segunda mitad del siglo XVIII.

María Josefa mostró un especial interés en la participación en estas tertulias de mujeres con el fin de impulsar su formación cultural y de este modo promover entre ellas un espíritu crítico que contribuyese a sentar las bases de uno de los principales objetivos de la duquesa: la incorporación de las mujeres a espacios tradicionalmente reservados a los hombres. Resulta significativa su comprometida implicación en romper barreras que limitaban la promoción femenina y en este sentido debemos destacar su contribución al debate sobre la admisión de las mujeres en las Sociedades Económicas de Amigos del País, instituciones que tuvieron un papel fundamental para el conocimiento de los principios ilustrados en nuestro país. A pesar de las dificultades, María Josefa, con la ayuda de otras destacadas mujeres y el apoyo del rey Carlos III, logró fundar en 1787 la Junta de Damas de Honor y Mérito, que dependería de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y que se convirtió en un instrumento eficaz para mejorar las condiciones de las mujeres en diversos aspectos, sobre todo en el formativo, impulsando la creación de escuelas gratuitas, donde, siguiendo el principio de “socorrer enseñando”, niñas de familias sin recursos podían aprender un oficio a la vez que adquirían conocimientos básicos en gramática y matemáticas.

Izq.: La pradera de San Isidro, boceto de Francisco de Goya, pintado para una serie de cartones para tapices destinados a la decoración del dormitorio de las infantas del Palacio de El Pardo. El boceto pasó a propiedad de los duques de Osuna hasta 1896, año en que fue adquirido por el Museo del Prado. Centro: El lienzo que recoge una escena familiar de don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna, amigo y mecenas de Goya, junto con Josefa Pimentel, su mujer, condesa-duquesa de Benavente, y con los cuatro hijos que por entonces tenía el matrimonio. Dcha.: Vuelo de brujas, cuadro de Francisco de Goya, pintado para el palacio de recreo de los duques de Osuna, que tenían en la Alameda de Osuna.

Desde la Junta de Damas también se desarrolló una importante labor para favorecer la aprobación de cambios que permitiesen humanizar la realidad de algunos centros penitenciarios femeninos, como la cárcel de La Galera, donde se lograron introducir mejoras en las condiciones de alimentación, de higiene y de reinserción de las presas, estableciendo un modelo que sería imitado en otras cárceles del país. Otra de las preocupaciones a las que la duquesa de Osuna dedicó un considerable esfuerzo desde la Junta de Damas fue la implicación para superar las lamentables condiciones en las que vivían los niños acogidos en el orfanato de Madrid, donde, según los propios datos oficiales, había una mortalidad del 80%, lamentable tasa que se logró reducir al 50% en tan solo un año con la introducción de una alimentación más adecuada y la optimización de las medidas higiénicas y sanitarias. María Josefa supo compaginar su compromiso social con su vida familiar: apoyó y acompañó a su esposo en sus labores políticas y diplomáticas y cuidó con abnegación de sus hijos, involucrándose directamente en su crianza y en su formación.

La duquesa de Osuna también destacó por su labor como mecenas, apoyando la labor de literatos y artistas. Logró reunir una extraordinaria colección de obras de arte, entre las que merecen ser resaltadas las realizadas por Goya, pintor al que encargó más de una veintena de obras como La pradera de San Isidro, La gallina ciega o El columpio, cuyo destino era formar parte de la decoración de algunas de las estancias de su palacio de “El Capricho”. La duquesa de Osuna sentía una especial curiosidad por las ciencias ocultas, el esoterismo y la brujería y por ello no sorprende que encargase a Goya algunas obras sobre esta temática, entre las que podemos mencionar El aquelarre y Vuelo de brujas. María Josefa moría en 1835 dejando un enorme legado como protectora de las artes y, sobre todo, como defensora de la igualdad y del necesario protagonismo de las mujeres para transformar la sociedad.