Miguel Alberdi / Decorador

A los hoteles no sólo vamos a dormir y a desayunar; también vamos a mirar, a observar cada detalle, a sentirnos cómodos y, sobre todo, a mimarnos. Desde ese gran espejo estratégicamente colocado hasta la bañera del cuarto de baño o la iluminación cálida que invita al descanso, todo está pensado para crear una experiencia. Es precisamente en esos momentos de desconexión cuando descubrimos ideas que nos inspiran y que perfectamente podemos trasladar a nuestro propio hogar.

Cuando nos vamos de escapada o de vacaciones no sólo nos sorprende la ciudad o la región que visitamos, también lo hace el lugar donde nos alojamos. Hay hoteles, casas rurales o pequeños alojamientos con encanto que, por sí solos, justifican el viaje. Sus dormitorios acogedores, las salas de estar llenas de personalidad o los rincones comunes diseñados para el disfrute consiguen que nos sintamos mejor. Y entonces surge la pregunta: si esos espacios nos hacen soñar, ¿por qué no llevar parte de esa sensación a casa?

La clave está en prestar atención a los detalles, en mirar con calma y dejarse inspirar. Muchos de los elementos que nos enamoran durante un viaje no son necesariamente caros ni difíciles de conseguir; simplemente están bien pensados. Un objeto cotidiano puede convertirse en una pieza especial si le damos un nuevo uso. Por ejemplo, una cesta artesanal puede transformarse en una lámpara colgante para el comedor o en un original punto de luz para un rincón de lectura.

Los colores también juegan un papel fundamental. Quizá durante tus viajes te hayas enamorado de determinadas combinaciones cromáticas sin saber muy bien cómo aplicarlas después en tu vivienda. Un buen ejercicio consiste en revisar las fotografías que hiciste o los recuerdos que trajiste contigo y observar qué tonos se repiten. Probablemente haya una paleta dominante que te transmitía calma, frescura o calidez. Ese puede ser el punto de partida perfecto para renovar textiles, paredes o pequeños accesorios decorativos.

A la hora de elegir recuerdos, es preferible evitar objetos que podrías encontrar fácilmente cerca de casa. Opta por piezas auténticas, aquellas que cuentan una historia o representan realmente el lugar visitado. Además, no sólo los objetos evocan recuerdos: los aromas tienen un poder extraordinario. Un simple olor puede transportarnos instantáneamente a nuestras vacaciones. Si quieres recrear la sensación acogedora de aquel alojamiento con chimenea, apuesta por velas perfumadas con fragancias amaderadas o especiadas que llenen tu hogar de una atmósfera cálida y relajante.
También podemos atrevernos con pequeños cambios que transforman por completo un espacio. Lo habitual es encontrar puertas blancas o de madera natural, pero pintarlas en tonos oscuros aporta fuerza, elegancia y personalidad a cualquier estancia, tal y como vemos en muchos hoteles de diseño.

Otro recurso muy utilizado en alojamientos es el uso de grandes espejos. Incluso en espacios pequeños, un espejo de gran formato aporta luminosidad, amplía visualmente la habitación y se convierte en un elemento decorativo por sí mismo, especialmente si cuenta con un marco atractivo o singular.

Por último, convierte tu baño en un espacio verdaderamente personal. Muchos alojamientos con encanto cuidan esta estancia como si fuera una habitación más de la casa, creando ambientes en los que apetece quedarse. Puedes lograrlo añadiendo papel pintado, un espejo especial, una antigua banqueta familiar, una lámpara vintage o pequeños detalles textiles.

Web: www.miguelalberdi.com