Emilio Cepeda / Presidente ASAJA
Ciudad Real

El agricultor está cansado. Cansado de denunciar durante años una situación insostenible y recibir siempre las mismas respuestas: reuniones, promesas y medidas insuficientes. Y cansado, sobre todo, de sentirse abandonado mientras la plaga de conejos convierte miles de hectáreas de cultivo en un auténtico desastre económico.

Lo que está ocurriendo en nuestra región ya no es un problema puntual ni una incidencia aislada. Es una plaga descontrolada que está arrasando explotaciones agrícolas enteras y poniendo en jaque la viabilidad de muchas familias del campo. Los conejos campan en parcelas de cereal, viñedo, olivar, pistacho o almendro y destruyen el trabajo de todo un año. Lo hacen ante la impotencia de agricultores que invierten, trabajan y arriesgan para después contemplar cómo sus cosechas desaparecen sin que nadie asuma responsabilidades.

Y lo más indignante es que esto no ocurre desde hace unos meses. Llevamos más de una década alertando de esta situación. Más de diez años reclamando controles eficaces, actuaciones contundentes y menos burocracia. Pero mientras el problema crecía, muchos prefirieron mirar hacia otro lado. Hoy pagamos las consecuencias de esa falta de decisión política.

Hay agricultores que ya ni siquiera siembran determinadas parcelas porque saben que no van a recoger nada. Otros tienen que replantar varias veces una misma finca porque los conejos acaban con las plantas recién nacidas. Y muchos soportan pérdidas económicas enormes sin recibir compensaciones reales. ¿Cómo se puede exigir rentabilidad y modernización al campo cuando ni siquiera se protege lo más básico: la producción?

El discurso oficial habla de sostenibilidad, de apoyo al medio rural y de defensa de la agricultura. Pero la realidad es otra muy distinta. La realidad es un agricultor viendo cómo los conejos devoran su explotación mientras las administraciones reaccionan tarde, con miedo y con medidas claramente insuficientes para una situación extraordinaria.

Porque aquí hay que hablar claro: el control de la plaga llega tarde y mal. Se han flexibilizado algunas actuaciones y se han autorizado medidas excepcionales, sí. Pero la magnitud del problema exige mucho más. Exige valentía política. Exige actuar con la misma rapidez con la que se actuaría si este problema afectara a cualquier otro sector económico. No es aceptable que el agricultor siga siendo el único que paga las consecuencias de una situación que afecta incluso a infraestructuras, carreteras y seguridad vial.

La sobrepoblación de conejos no entiende de lindes ni de términos municipales. El problema afecta ya a cientos de municipios de Castilla-La Mancha y amenaza con seguir extendiéndose si no se toman medidas contundentes y permanentes. Lo que hoy son daños agrícolas mañana serán explotaciones abandonadas, pérdida de empleo y más despoblación rural.

Desde ASAJA Ciudad Real lo decimos con absoluta claridad: el campo no puede soportar ni un año más en estas condiciones. Necesitamos un plan real de control poblacional, coordinado y eficaz. Necesitamos menos despachos y más soluciones. Menos titulares y más resultados. Y necesitamos ayudas directas para compensar a quienes están perdiendo miles de euros por una plaga frente a la que no pueden defenderse solos.

El agricultor no pide privilegios. Pide algo tan básico como poder recoger aquello que siembra. Pide que el fruto de su trabajo no termine convertido en alimento para una plaga descontrolada mientras las administraciones continúan reaccionando con lentitud desesperante.

Si de verdad queremos defender el medio rural, la agricultura y el futuro de nuestros pueblos, hay que actuar ya. Porque detrás de cada cosecha perdida hay una familia. Y detrás de cada agricultor que abandona, hay un pueblo que pierde vida, economía y futuro.

El campo está harto de palabras. Ha llegado la hora de las soluciones.