
Teresa de la Flor Ortega / Farmacéutica comunitaria Miguelturra
El sol, y particularmente los rayos UVB, tienen un efecto beneficioso en nuestra salud, pues nos ayuda a la síntesis de la vitamina D3, pero 20- 30 minutos son suficientes, el resto de la exposición es básicamente perjudicial pudiendo provocar daños permanentes en el sistema inmunitario local y en el material genético de las células cutáneas.
Al hablar de la radiación solar destacamos los rayos UVB y UVA. Los rayos UVB son los responsables, en una exposición prolongada, de provocar quemaduras en la piel. Por su parte, los rayos UVA son responsables de la formación de radicales libres que causan el envejecimiento prematuro y aumenta la probabilidad de padecer cáncer de piel.
Cuando hablamos de FPS (Factor de protección solar) nos referimos al número de veces que se multiplica el tiempo que puede permanecer la piel al sol de manera segura, refiriéndonos a la protección frente a los UVB. Se recomienda usar productos con un FPS 50 independientemente de cuál sea el fototipo (la capacidad de adaptación al sol que tiene cada piel) pues se ha visto que, aunque la piel sea más resistente a las quemaduras, sí que sufre el mismo daño de fotoenvejecimiento.
Las formulaciones de los productos utilizados para la fotoprotección incluyen unos activos, denominados «filtros solares», de los que depende la actividad fotoprotectora del preparado.
Estos filtros se clasifican en físicos y químicos y biológicos. Los filtros minerales o físicos actúan creando una barrera en la superficie de la piel. Los filtros químicos actúan absorbiendo los rayos UVA y UVB mientras que los filtros biológicos son antioxidantes que evitan la formación de radicales libres.
Por otra parte, los productos de protección solar se formulan como formas cosméticas diferentes para poder adaptarse a los distintos tipos de piel. Existen fotoprotectores en forma de geles, emulsiones, cremas, sprays y un largo etcétera. En definitiva, hay un fotoprotector para cada persona.
Es importante hacer un uso correcto del fotoprotector: aplicarlo una media hora antes de la exposición al sol, usar una adecuada cantidad, se recomiendan 2 mg por cada 2 cm de superficie, volver a aplicarlo cada dos horas o incluso antes si te has mojado o has sudado. Para orientarnos sería “dos dedos para la superficie facial cada dos horas”.
Para finalizar, una mención especial a los nutricosméticos solares que son complementos formulados para proteger nuestra piel desde el interior. Son muy eficaces, pero nunca sustituyen a la protección solar externa.