Francisco Javier Morales Hervás y Aurora Morales Ruedas / Doctor en Historia y Graduada en Historia del Arte

El comerciante alemán Juan Nicolás Böhl de Faber viajaba frecuentemente a España por negocios y uno de sus destinos principales era la dinámica ciudad de Cádiz, donde conocería hacia 1790 a Francisca Javiera Ruiz de Larrea, más conocida como Frasquita Larrea, con quien compartiría su interés por la cultura hispana, especialmente la literatura barroca. Juan Nicolás y Frasquita se casaron en febrero de 1796 e iniciaron un viaje por Europa, durante el cual nacería Cecilia, concretamente en la localidad suiza de Morges el día de Nochebuena de 1796.

En 1797 regresaron a Cádiz, donde nacerían los otros hermanos de Cecilia: Aurora, Juan Jacobo y Ángela. Frasquita destacaría en el ambiente cultural gaditano al impulsar tertulias en las que se trataban temas relacionados con la literatura y la política, pero en 1805 la familia Böhl de Faber tuvo que retornar a Alemania por negocios. Frasquita no se adaptaba al modo de vida germánico y ello propició desavenencias conyugales que provocarían el regreso de Frasquita a Cádiz junto a sus hijas Aurora y Ángela, quedando Cecilia en Hamburgo junto a su hermano Juan Jacobo y su padre, que, a pesar de tener una visión muy tradicional del papel de la mujer, al reconocer el notable talento de Cecilia no dudará se ofrecerle una amplia formación intelectual en una academia en la que permanecerá hasta 1812 cuando, tras reconciliarse sus padres, la familia volvió a reunirse en Cádiz.

El don de gentes y las dotes intelectuales de nuestra protagonista no pasaban desapercibidas en el entorno social gaditano con el que se relacionaba su familia, por ello no tardó en tener diversos pretendientes, hasta que en 1816 contrajo matrimonio con Antonio Planells, un capitán de infantería con el que marchó a Puerto Rico, pero la estancia en la isla no resultó dichosa para Cecilia por las constantes infidelidades de su esposo, que moriría de forma inesperada en 1817. Cecilia regresó a España en 1818 y será entonces cuando empiece a desarrollar su vocación como escritora, probablemente animada por su madre para intentar olvidar su desdichada experiencia conyugal.

En 1821 conocerá al que será su segundo esposo, Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso, que pertenecía a una conocida familia aristocrática sevillana y con el que se casará en 1822. Este matrimonio le permitirá adentrarse en la cultura popular andaluza, recogiendo una amplia recopilación de relatos y tradiciones que acabarán formando parte de muchas de sus obras. Por otro lado, las relaciones de su familia política posibilitaron que pudiera conocer a un nutrido grupo de artistas e intelectuales como Washington Irwin, que también influirían en su forma de entender la creación literaria, que empezó a desarrollar en estos años, aunque no llegaría a publicar algunas de las novelas escritas en este período hasta mucho tiempo después, quizás porque considerase que no era oportuno mostrar y difundir los frutos de su creatividad literaria mientras debía centrarse en ejercer de forma adecuada su papel de marquesa consorte.

Izq.: Washington Irwin, escritor norteamericano, enamorado de España, que influiría en la forma de entender la creación literaria por parte de Cecilia Böhl de Faber a la cual conoció a finales de diciembre de 1828 cuando acudió a una ópera y ambos establecieron una buena amistad. Centro: Los restos de Cecilia Böhl de Faber reposan en la cripta del Panteón de Sevillanos Ilustres, ubicada bajo la Iglesia de la Anunciación, junto a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. Dcha.: Portada de una de las muchas ediciones españolas de la novela La Gaviota una de las obras más emblemáticas de la literatura costumbrista. La autora aglutina en ella costumbrismo, romanticismo y realismo.

En 1835 enviudó de nuevo y, tras una estancia en Londres, durante la cual mantuvo una breve, pero intensa, relación sentimental con un joven aristócrata inglés, regresó a Sevilla, donde conocerá a Antonio Arrom y Morales de Ayala, quien, a pesar de ser casi veinte años más joven que ella, acabará convirtiéndose en su tercer marido en 1837. Cecilia había quedado en una situación económica bastante buena tras la muerte de su segundo marido, pero pronto sus finanzas empezaron a resentirse de forma notable por el rechazo de buena parte de los sectores más influyentes de la sociedad sevillana, que no aceptaban su nueva aventura matrimonial y, sobre todo, por la irresponsable actitud despilfarradora de su joven esposo, hasta el punto que tuvo que pedir ayuda económica a su hermana Aurora. La necesidad de encontrar una regular fuente de ingresos animará a Cecilia a empezar a publicar a partir de 1849 buena parte del material literario que había compuesto en años anteriores, además de las nuevas obras surgidas de su notable capacidad creativa. Para la publicación de estas novelas utilizará el pseudónimo de Fernán Caballero, circunstancia en la que pudo influir su interés por preservar su intimidad y el hecho de que en esa época aún se considerase que las producciones literarias realizadas por mujeres tenían menor valor. De este modo verán la luz obras como La Gaviota, La familia Alvareda y La Hija del Sol, que tendrán muy buena acogida al presentar con un lenguaje sencillo temas costumbristas que eran del agrado de los lectores. En cambio, la publicación de Clemencia en 1852 no será bien recibida por parte de los críticos literarios, sobre todo liberales, por presentar una visión excesivamente apegada al tradicionalismo católico, al que Cecilia se sentía muy vinculada por sus raíces familiares y la conservadora educación recibida.

Estas críticas provocaron a Cecilia cierto desequilibrio emocional, que se unió a su precaria situación económica, que, en parte, pudo mejorar con la publicación de artículos periodísticos y, sobre todo, gracias al apoyo de los duques de Montpensier y de la reina Isabel II, aunque las dificultades económicas fueron una constante durante los últimos años de vida. En 1877 fallecía esta escritora, que puede ser considerada pionera en la renovación de la narrativa en español al ensayar nuevas formas expresivas que acabarían cristalizando en la novela realista representada por autores como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán.