Cristóbal Agüera / Responsable de Prensa de Fenix Basket Club

En el deporte base, un partido importante no empieza cuando el árbitro lanza el balón al aire. Empieza bastante antes: la noche anterior, con la hora de acostarse; esa misma mañana, con el desayuno; y en las horas previas, con la forma de comer, beber y gestionar los nervios. En niños y adolescentes, esa preparación invisible influye mucho más de lo que parece.

Lo primero es el descanso. Un jugador de minibasket o cantera no puede rendir bien si llega cansado. Como orientación general, los niños en edad escolar necesitan entre 9 y 11 horas de sueño, y los adolescentes alrededor de 8 a 10. No hace falta convertir la víspera en algo solemne, pero sí evitar acostarse tarde “porque mañana no hay cole” o porque se ha alargado una cena. Dormir poco se nota rápido: menos energía, peor concentración y más dificultad para reaccionar.

También ayuda mucho reducir pantallas antes de dormir. Móvil, tableta o consola activan más de la cuenta y hacen que el descanso sea peor, aunque el niño crea que se ha dormido enseguida. Preparar la mochila con tiempo, dejar la equipación lista y acostarse sin prisas ya forma parte de la previa.

La alimentación también cuenta, y mucho. La comida anterior al partido no tiene que ser especial, pero sí adecuada. Lo ideal es comer entre 3 y 4 horas antes, con alimentos fáciles de digerir y que aporten energía. Por ejemplo: pasta, arroz, patata o pan, acompañados de pollo, pavo, tortilla o yogur. Mejor evitar fritos, salsas pesadas, bollería o comidas copiosas. Tampoco conviene llegar al partido “con el estómago vacío” por miedo a sentirse pesado. Jugar con hambre no suele salir bien.

Si han pasado varias horas desde la comida, puede venir bien un pequeño tentempié entre 60 y 90 minutos antes. Un plátano, un yogur, unas tostadas, un pequeño bocadillo o unas galletas sencillas pueden ser suficientes. La clave no está en comer mucho, sino en llegar con energía estable. Y hay una norma bastante útil: el día de partido no conviene probar alimentos nuevos.

La hidratación es otro punto básico. Muchos niños beben poco durante el día y luego intentan compensarlo justo antes del calentamiento. Lo mejor es empezar a beber agua desde varias horas antes, con normalidad, y dar pequeños sorbos en el trayecto o al llegar al pabellón. En partidos habituales de cantera, el agua suele ser suficiente. No hace falta recurrir a bebidas isotónicas salvo en esfuerzos largos o días de mucho calor.

Y luego están los nervios. Porque sí, también juegan. Antes de un partido importante es normal que aparezcan: ganas de hacerlo bien, miedo a fallar, sensación de responsabilidad. No hay que dramatizarlos ni negarlos. Lo mejor suele ser darles un sitio y rebajarlos con rutina. Llegar con tiempo, cambiarse con calma, calentar sin prisas y centrarse en dos o tres ideas sencillas ayuda mucho más que repetir instrucciones sin parar desde el coche.

A las familias también les toca jugar su papel. En esas horas previas, ayuda más transmitir serenidad que presión. Un “disfruta, compite y ayuda al equipo” suele servir mejor que una lista de órdenes o expectativas. En formación, el entorno influye muchísimo.

En clubes como Fénix Basket Club, esta parte de la competición también se aprende. Porque preparar bien un partido no es sólo cuestión de táctica: es dormir a tiempo, comer con sentido, hidratarse bien y llegar con la cabeza ordenada. Son hábitos sencillos, pero muy valiosos. Y conviene recordarlo de vez en cuando: antes del partido, también se juega.