Iván de la Peña fue uno de esos futbolistas que parecían tocados por algo raro: talento brutal, visión de pase escandalosa y una carrera más irregular de lo que prometía. Saltó muy joven en el Barça, donde se hizo famosísimo en los 90 como una de las grandes perlas de la cantera. Luego pasó por Lazio, tuvo etapas en Marsella y regresó al Barça, pero entre lesiones y encajes raros nunca terminó de asentarse al nivel que muchos imaginaban. Donde de verdad dejó huella larga fue en el Espanyol, club en el que vivió sus años más reconocibles y queridos. En el equipo blanquiazul recuperó su mejor nivel, logró una Copa del Rey y también clasificarse para una final de la UEFA, que perdió ante el Sevilla. Se retiró del fútbol profesional en 2011. Después de retirarse, decidió seguir vinculado al mundo del fútbol a través de la representación de futbolistas. El jugador más importante que tiene en su agencia es Gavi, a quien está guiando a las mil maravillas en su trayectoria profesional. También lleva las carreras de Eric Garcia, Arnau Tebas o Aleix Garrido. Su historia quedó un poco así: estrella precoz, carrera marcada por lesiones y altibajos, pero con un talento que todo el mundo recuerda. Por eso sigue saliendo mucho en conversaciones de fútbol como uno de esos “¿y si hubiera tenido más continuidad?” del fútbol español. Y una cosa bastante realista: aunque no tuvo la carrera monstruosa que se le proyectaba de adolescente, sí dejó un legado muy reconocible, sobre todo por su estilo de juego y por lo que significó en el Espanyol.