
Carlos Peña Sánchez / Agente de Helvetia Seguros
El alquiler con opción a compra es una fórmula que combina un contrato de arrendamiento con el derecho a adquirir la vivienda en el futuro por un precio fijado desde el principio. Aunque todavía es una modalidad minoritaria en España, cada vez resulta más atractiva para quienes tienen dificultades para acceder a una hipoteca o necesitan tiempo para ahorrar.
Su funcionamiento es sencillo: el inquilino vive en la vivienda pagando una renta mensual y, dentro del plazo acordado, puede decidir si la compra. El precio queda establecido desde la firma del contrato, por lo que no cambia aunque el mercado inmobiliario suba o baje. Además, es habitual que el arrendatario abone una prima inicial, normalmente entre el 5 % y el 10 % del valor del inmueble, que se descontará del precio final si ejerce la compra, aunque se perderá si renuncia a ella. En muchos casos, también se descuenta una parte de las rentas abonadas durante el alquiler.
El contrato debe recoger tanto las condiciones del arrendamiento como las de la futura compraventa: duración, importe de la renta, precio de venta, plazo para ejercer la opción de compra y porcentaje del alquiler que se descontará del precio final. Mientras el contrato esté vigente, el propietario no puede vender la vivienda a otra persona ni modificar las condiciones pactadas.
Entre sus principales ventajas destaca que permite ahorrar mientras se vive en la vivienda, conocer el inmueble y su entorno antes de comprar y protegerse frente a posibles subidas del mercado al mantener el precio cerrado desde el inicio. Para el propietario también resulta beneficioso, ya que obtiene ingresos desde el primer día y reduce el riesgo de tener la vivienda vacía.
Sin embargo, también existen inconvenientes. Si el inquilino finalmente no compra la vivienda, perderá la prima inicial y, además, las cuotas de alquiler suelen ser más elevadas que en un arrendamiento convencional. Por su parte, el propietario asume el riesgo de vender por debajo del precio de mercado si el valor del inmueble aumenta durante el contrato.
En cuanto a la fiscalidad, la tributación varía según si el propietario es un particular o un promotor y del tipo de vivienda. Por ello, antes de firmar un contrato de este tipo, es recomendable consultar con un asesor para conocer las implicaciones fiscales y revisar detenidamente todas las cláusulas.