Más de cuarenta años de pesca, amistad y pasión por la naturaleza en torno al embalse que dio nombre a una de las peñas más queridas de la comarca
La historia de la Peña de Pesca Vallehermoso de La Solana es, ante todo, la historia de un grupo de amigos que un día decidieron convertir su pasión por la pesca en algo más grande: una familia unida por el agua, los peces, la naturaleza y el compañerismo. Corrían los primeros años de la década de los 80 cuando el actual presidente, Ramón Prieto, junto a un puñado de solaneros como José Delgado, Luis Romero de Ávila, Valeriano del Olmo, Juan Miguel Pérez, Gabriel Sánchez, Juan Pedro García Castaño, Juan Manuel Fernández, Ramón Santos Olmo y Rafael Palacios, empezaron a juntarse los fines de semana para echar la caña, compartir conversación y desconectar de la rutina.
Por aquel entonces aún no existía el embalse de Vallehermoso, yendo a pescar a embalses cercanos como el de Peñarroya en Argamasilla de Alba o en las Lagunas de Ruidera. No había apenas material moderno ni grandes conocimientos técnicos, pero sí mucha ilusión. “Lo importante era estar juntos, pasarlo bien y aprender unos de otros”, recuerda Ramón Prieto. Lo de los concursos y los trofeos vendría más adelante; al principio todo era pura afición y ganas de disfrutar. De hecho, precisamente en Ruidera, en una ocasión que estaban de lance, uno de los socios que lanzó la caña, en lugar de un pez, engancho una piragua. “Creíamos que había picado un pez lucio enorme y resultó que no”, menciona Ramón entre risas.
A finales de aquella década, cuando comenzaron las obras del embalse de Vallehermoso, el grupo vio una oportunidad de tener un escenario propio, un lugar que los representara. Decidieron bautizar su peña con el mismo nombre del futuro pantano, símbolo de un entorno natural privilegiado que se convertiría en su segunda casa.
El embalse, terminado a finales de los 80, cambió el paisaje y también la historia de La Solana. Situado entre los términos de La Solana y Villanueva de los Infantes, y alimentado por el río Azuer, pronto se convirtió en punto de encuentro para pescadores de toda la comarca. Para la peña, fue el comienzo de una nueva etapa. “Recuerdo nuestro primer concurso allí, cuando aún no estaba ni lleno el embalse ni terminada la presa. Éramos pocos, pero la ilusión que teníamos no cabía en el pantano”, señala el presidente de la peña.
Con el tiempo, las jornadas de pesca se convirtieron en auténticas convivencias, a la vez que iba incrementado el número de socios. Los domingos eran sagrados: madrugar, preparar los aparejos, echar el sorteo de puestos y disfrutar de tres o cuatro horas de pesca. Después venían los almuerzos con diferentes manjares, excusa perfecta para prolongar la tertulia. Así se fueron forjando los lazos de amistad que aún hoy mantienen unidos a sus miembros.
Durante los años 90, la Peña Vallehermoso vivió su época de mayor esplendor. El número de socios creció hasta superar los sesenta, y el ambiente era inmejorable. No había fin de semana sin actividad: concursos locales, liguillas y torneos de feria que se mantienen en el tiempo, hasta maratones de 12 o incluso 24 horas que se recuerdan todavía con una sonrisa. “Aquel maratón de 24 horas fue de locos”, rememoran entre risas. “No sabíamos si pescar o dormir, pero lo pasamos muy bien.”
La peña empezó también a participar en concursos fuera de la localidad en diferentes puntos de la provincia, e incluso algunos de sus miembros lograron clasificarse para campeonatos regionales y nacionales. Asimismo, participan en concursos memoriales de otros pueblos como el de La Puebla de Montalbán (Toledo), donde se reencuentran con pescadores de esa localidad y otras localidades vecinas.
El embalse, testigo de una historia.- El embalse de Vallehermoso, con sus 121 hectáreas de superficie y una capacidad de siete hectómetros cúbicos, ha sido siempre más que un escenario de pesca: ha sido testigo y cómplice de la historia de la peña. Entre las sierras del Cristo y de Alhambra, sus aguas tranquilas guardan las huellas de incontables jornadas, las risas y las confidencias que solo se comparten a la orilla de un pantano. “El pantano te enseña paciencia, como la pesca misma. No todos los días se saca, pero siempre te llevas algo: tranquilidad, conversación o simplemente el gusto de estar allí”.
Un entorno que ofrece gran variedad de especies, entre las que destacan carpas, carpines, barbos, cachuelos, bogas, black-bass, percasoles, y pez gato, entre otras. Esta diversidad convierte cada jornada de pesca en una experiencia imprevisible y emocionante para los aficionados. Las modalidades más practicadas son la “enchufable”, de corto alcance, y la “inglesa”, que se caracteriza por un largo lance a distancia. Y por supuesto, todas las capturas realizadas durante las competiciones son devueltas al agua tras el pesaje, ya que la finalidad de la peña es puramente deportiva.
Como todas las asociaciones veteranas, la Peña Vallehermoso también ha vivido sus altibajos. Con los años, algunos miembros se marcharon por motivos de trabajo o salud, y el relevo generacional ha avanzado lentamente. Hoy son alrededor de veinte socios activos, aun así, el grupo se mantiene vivo, fiel a su cita con el pantano y a su espíritu original.
El relevo generacional es, sin duda, el gran desafío. Algunos jóvenes empiezan con gran ilusión, unos se quedan, y otros, por diferentes motivos, no continúan. Incluso, el hecho de estar estudiando fuera, les impide participar regularmente. Eso sí, cuando se celebra el torneo de feria, muchos de ellos participan al encontrarse de vacaciones en la localidad. “Nos gustaría que hubiera más gente joven, pero entendemos que hoy todo va más deprisa. Aun así, mientras sigamos tirando del carro, la peña seguirá viva”, señala el presidente de la peña.
Más allá de los concursos y las capturas, lo que realmente mantiene viva a la Peña Vallehermoso es el compañerismo. La pesca se convierte en una excusa para convivir, para seguir viéndose, para hablar de la vida entre lanzada y lanzada.
Hoy, tras más de cuatro décadas de historia, la Peña Vallehermoso se mantiene como un símbolo del espíritu solanero. Han pasado diferentes generaciones, han cambiado las cañas y los cebos, pero no la esencia. La peña sigue lanzando sus anzuelos con la misma ilusión con la que empezó.
Mientras haya alguien dispuesto a madrugar, a preparar la caña y a disfrutar del silencio del agua, la Peña Vallehermoso de La Solana seguirá escribiendo su historia, una historia que, como el propio embalse, se renueva con cada amanecer.
Texto: Juan Diego García-Abadillo. Fotos: Peña Vallehermoso