
César Becerra / Analista/comentarista de F1 y Moto GP
@cesarbecerraf1
Hay circuitos que forman parte del calendario de la Fórmula 1 y otros que pertenecen directamente a su leyenda. El Gran Premio de Canadá está en ese segundo grupo. Montreal nunca decepciona. El Circuit Gilles Villeneuve, situado en la isla artificial de Notre-Dame, dentro del Parc Jean-Drapeau, es uno de esos escenarios donde siempre parece estar a punto de suceder algo extraordinario.
Antes de llevar el nombre actual, el trazado se conocía como Circuit Notre-Dame. Todo cambió en 1978, cuando Gilles Villeneuve consiguió la primera victoria de su carrera con Ferrari. Ganó delante de su público, en casa, y se convirtió en héroe nacional. Tras su muerte en 1982, el circuito fue rebautizado en su honor y desde entonces Montreal quedó unido al piloto canadiense.
El trazado apenas supera los 4 kilómetros, pero reúne todos los ingredientes que hacen grande a la Fórmula 1: rectas larguísimas, frenadas violentas, muros pegados al asfalto y adelantamientos constantes. Los pilotos superan los 330 km/h antes de llegar a la horquilla, uno de los mejores puntos de adelantamiento del campeonato. Además, es uno de los circuitos más exigentes del año para los frenos por su estilo “stop and go”.
Pero si Canadá es especial no es sólo por su diseño. Lo es porque casi siempre ocurre algo inesperado. En 1999 nació el famoso “Wall of Champions”, el muro de la última chicane donde se estrellaron tres campeones del mundo durante el mismo fin de semana: Hill, Schumacher y Villeneuve. Desde entonces, aquel muro forma parte de la historia moderna de la Fórmula 1.
En 2007 llegó otro de los momentos más impactantes de la era reciente. Kubica sufrió un accidente brutal que dejó al paddock en silencio. Su BMW quedó completamente destrozado, aunque milagrosamente el piloto polaco salió con lesiones menores. Aquella carrera también marcó la primera victoria de Hamilton, iniciando una relación especial entre el británico y Montreal.
Sin embargo, cuando se habla del caos absoluto en Canadá, es imposible no recordar la carrera de 2011. Muchos aficionados la consideran la mejor del siglo XXI. La lluvia transformó la prueba en una auténtica locura: accidentes, Safety Cars, bandera roja y más de cuatro horas de duración. Y en medio de todo apareció Button. El británico pasó varias veces por boxes, tuvo incidentes, recibió sanciones y cayó hasta la última posición. Aun así, terminó ganando tras adelantar a Sebastian Vettel en la última vuelta. Una carrera irrepetible.
Canadá también ha dejado polémicas memorables. En 2019, Sebastian Vettel cruzó primero la meta, pero una sanción de cinco segundos por reincorporarse de manera peligrosa entregó la victoria a Hamilton. La imagen de Vettel cambiando los carteles del Parc Fermé para devolver simbólicamente a Ferrari al primer puesto quedó grabada en la memoria de los aficionados.
Y el presente mantiene intacta esa tradición de caos y tensión. El Gran Premio de Canadá 2026 volvió a demostrarlo con la guerra interna en Mercedes entre George Russell y Kimi Antonelli. Russell abandonó por problemas mecánicos en plena pelea y Antonelli aprovechó el caos para lograr una victoria que muchos ya interpretan como el inicio de una nueva era para Mercedes.
Porque eso es Montreal: un circuito imprevisible, salvaje y absolutamente inolvidable. Un lugar donde la lluvia cambia carreras en segundos, donde los campeones terminan contra el muro y donde la Fórmula 1 siempre encuentra la manera de ofrecer espectáculo.
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Foto. Wikipedia