Carlos Caballero / Arqueólogo
Colegio Profesional
de Arqueología de Madrid

En el siglo XVIII, los infantes de la Casa Real también se divertían. Visitaremos hoy, en El Escorial y en San Lorenzo, dos lugares delineados para el ocio regio en el último tercio del siglo XVIII, para los infantes Carlos (el futuro IV de la serie carolina) y su hermano Gabriel: las Casitas de El Escorial.

Las Casitas forman parte de una serie de construcciones de recreo y pabellones de caza destinadas a pasar una jornada, y entre ellas, se incluyen la Casita del Príncipe de El Pardo o los Pabellones del Embarcadero, en Aranjuez, en el Jardín del Príncipe. La peculiar serie culminará con la construcción, en ese mismo jardín, de la Casita del Labrador. Concebidas todas para servir al ocio efímero, no contaban con dormitorios, pero tenían cocinas para poder avituallar a los visitantes durante el día.

Las dos construcciones escurialenses (las Casitas del Príncipe y del Infante), magníficas en su “modestia”, nacen al unísono, ambas según proyecto de Juan de Villanueva, y comienzan a construirse en 1771, si bien en la segunda, se aprecia una notable influencia de Palladio, con su planta centralizada en torno a la estancia principal, bajo la cúpula.

A estos regios lugares la topografía les ha asignado un inevitable nombre popular: la Casita del Príncipe será para siempre “la de Abajo”, mientras que la del Infante será consignada en los escritos como “la de Arriba”.

Fachada principal de la Casita de Abajo. Fotos: Carlos Caballero.

La de Abajo, un pabellón pequeño para aquello a lo que nos tiene acostumbrados la realeza, ha sido considerada por su principal investigador, Javier Jordán, como un ensayo a pequeña escala de lo que habría de ser el Museo del Prado, puesto que en un principio contaba solo con un ala rectangular, precedida por un elegante pórtico columnado, a la que se añadió después la larga nave posterior. Al interior, el edificio conserva obras de arte muy notables, destacando la bóveda de la sala principal, pintada por Vicente Gómez.

Aun siendo contemporánea y de la misma mano, la Casita de Arriba, propiedad del desafortunado Infante don Gabriel, que moriría en ella en 1788, tenía por principal función ser sede de conciertos, a lo que contribuye el espacio central, cubierto con una vasta cúpula que genera una gran acústica, y cuenta con una vistosa decoración debida también a Vicente Gómez.

Izq.: Jardín junto a la Casita del Príncipe. Dcha.: Camino principal del jardín.

Las dos Casitas tienen notables jardines: el de la del Príncipe, se basa en ejes que generan grandes perspectivas aprovechando la pendiente del terreno en la que se asienta. El eje principal tiene una inusual alineación de pinos de gran porte y castaños, que llega hasta la casa. A su alrededor, hay cuadros de plantación con dibujos geométricos, fontines de riego y una gran alberca. En los jardines de la Casita de Arriba, en cambio, todo es más contenido: el entorno de la construcción no cuenta con grandes jardines, pues forma parte de la histórica dehesa de La Herrería, pero esa ausencia se suple con espléndidas vistas sobre el Monasterio.

El jardín que circunda a la Casita del Infante, primoroso, con cuidados cuadros de plantación y fontines, tiene varios ejemplares arbóreos excepcionales, entre ellos un imponente Cedro del Líbano y dos Pinos de Jeffrey. Sigue, probablemente, un diseño inicial alterado por la introducción de grandes coníferas y, hacia 1907, por la cesión del edificio a la Escuela de Montes para establecer un “Vivero central de repoblaciones”, lo que alteró tanto el interior del edificio, como sus jardines.

Izq.: Fuente en el jardín trasero de la Casita de Abajo. Dcha.: Alberca en el jardín de la Casita de Abajo.

Finalmente, en el terreno de la anécdota, hay que señalar que a finales de los años 50 del siglo XX se adaptó el edificio para residencia temporal del entonces Príncipe Juan Carlos, quien la utilizó a partir de 1960, siendo éste el último uso de la Casita del Infante antes de su incorporación a la serie de monumentos visitables de San Lorenzo de El Escorial, dejando de ser, de este modo, una mera diversión de reyes, para ser así patrimonio de la ciudadanía.

(En principio, las dos Casitas no pueden visitarse el mismo día, por lo que se recomienda la consulta de la web patrimonionacional.es)

Jardín de la Casita de Arriba.

Jardín de la Casita del Infante

Izq: Entrada a la Casita de Arriba. Centro: La Casita de Arriba desde su jardín. Dcha.: Jardín de la Casita de Arriba con el Monasterio en el horizonte.

Excepcional ejemplar de Cedro del Líbano en la Casita de Arriba.