Verónica Martínez Calderón / Psicomotricista y profesora de inglés de Educación Infantil

Como docente de psicomotricidad en Infantil, tengo el privilegio de observar cómo los niños exploran el mundo a través de sus sentidos, esos canales esenciales que nos conectan con el entorno. Desde que nacemos, nuestros sentidos nos permiten recibir información del exterior y procesarla. Entre ellos, el tacto es el primero que nos guía, activando y desarrollando progresivamente los demás sentidos. Estos se convierten en piezas fundamentales de un gran “puzle” que construimos con el tiempo, contribuyendo a nuestro desarrollo cognitivo y emocional.

Cuando hablamos de los sentidos, solemos pensar en los cinco clásicos, sin embargo, hay dos más que son cruciales: la propiocepción y el equilibrio vestibular. Sí, ¡tenemos siete sentidos!

Desde los primeros días de vida, estudiar el mundo y nuestro propio cuerpo es fundamental para evolucionar. La propiocepción, ese sentido que nos permite percibir y comprender la posición y el movimiento de nuestro cuerpo, es clave para lograr un mejor control corporal, equilibrio y coordinación. Además, nos ayuda a procesar información de nuestro entorno, integrando cuerpo y mente en una conexión que favorece el desarrollo integral del niño.

Imaginen a un niño que pasa todo el día sentado sin moverse. Esa falta de actividad podría dificultar su evolución no solo en el ámbito motor, sino también en el cognitivo y emocional. La carencia de estímulos podría derivar en una desregulación sensorial, afectando a su control emocional y, por ende, su conducta.

El movimiento, por tanto, es vital para los niños, que están en pleno desarrollo, y también para los adultos, ya que fomenta el control en situaciones de estrés, mejora la atención y la concentración, y ayuda a mantenerse en forma. En los niños, las actividades diarias deben incluir un alto porcentaje de movimiento para contribuir a su proceso.

Jugar en el parque o con otros niños es esencial, pero también podemos incorporar juegos y ejercicios específicos para potenciar la estimulación como:

• Envolverse en una sábana, una actividad que genera sensaciones de presión profunda y ayuda al niño a ser más consciente de su cuerpo.

• Posiciones de yoga, donde con cada postura se explora el equilibrio y la coordinación.

• Empujar un cesto de ropa lleno, una tarea sencilla que involucra fuerza y resistencia, ayudando a desarrollar el tono muscular.

• Cocinar recetas que impliquen amasar, como hacer galletas. Estas actividades no solo estimulan la propiocepción, sino que también fomentan la creatividad y la autonomía.

• Gatear o caminar sobre almohadas, lo que trabaja el control postural y el equilibrio.

• Escalar estructuras seguras, saltar en camas elásticas o dar abrazos fuertes, son actividades que combinan diversión con un fuerte impacto sensorial.

Estas actividades favorables para los niños sirven para que los adultos puedan disfrutarlas y fortalecer su vínculo con los pequeños mientras comparten momentos de diversión y aprendizaje.

En el aula de psicomotricidad, dedicamos tiempo a trabajar la propiocepción mediante ejercicios que estimulen el movimiento y la coordinación. Por ejemplo, organizamos circuitos que incluyen rampas, colchonetas y objetos para empujar o transportar. Además, promovemos actividades grupales donde los niños interactúan entre sí, favoreciendo también sus habilidades sociales.

Este tipo de trabajo no solo mejora el control corporal de los niños, sino que también les brinda herramientas para gestionar mejor sus emociones y comportamientos. Cuando un niño es consciente de su cuerpo y cómo interactúa con el espacio, gana confianza y seguridad en sí mismo. Esto se traduce en una mejor adaptación a los desafíos diarios y un mayor bienestar general.

Como educadores y cuidadores, tenemos la responsabilidad de fomentar estas experiencias sensoriales y motoras. Recordemos que cada salto, cada abrazo y cada juego es una pieza clave en el desarrollo infantil. Trabajemos juntos para garantizar que nuestros niños tengan las herramientas necesarias para crecer fuertes, sanos y felices. Porque cuando se trata de desarrollo infantil, el movimiento no es solo una opción, es una necesidad.