Hace más de 40 años, desde Moral de Calatrava, el kajukenbo comenzó a escribir su historia en Castilla-La Mancha consolidándose como una escuela de referencia y tradición marcial
El kajukenbo nació en las calles de Hawái a finales de la década de 1940 con un objetivo muy concreto: crear un sistema de defensa personal real, práctico y eficaz, capaz de responder a la violencia de la calle sin artificios ni limitaciones deportivas. Su creador fue Adriano Directo Emperado, conocido como Sijo (fundador), quien concibió un método basado principalmente en el kenpo, pero enriquecido con técnicas y principios de otras disciplinas de combate.
Antes de desarrollar el nuevo sistema, Emperado se había formado en boxeo, esgrima filipina y judo, aunque fue en el kenpo donde alcanzó el grado de quinto dan. Su inquietud marcial y su deseo de crear algo verdaderamente funcional le llevaron en 1947 a unirse a otros destacados artistas marciales: Joseph Holck (judo Kodokan), Frank Ordoñez (jiu jitsu), Peter Cho de Tang Soo Do (karate coreano) y Clarence Chang de Lum Pai Kung Fu (boxeo chino). Juntos fundaron la llamada BLACK BELT SOCIETY, una sociedad de cinturones negros que durante más de dos años trabajó intensamente intercambiando conocimientos técnicos y experiencias reales de combate.
El propósito era claro: diseñar un sistema de defensa personal que no dependiera de reglas deportivas, sino que pudiera adaptarse a cualquier situación de agresión. En 1949 aquel trabajo conjunto cristalizó bajo un nuevo nombre: kajukenbo, un acrónimo que reflejaba la fusión de karate, judo/jiu jitsu, kenpo y boxeo.
La Guerra de Corea supuso un punto de inflexión en la historia del sistema. Todos los miembros de la BLACK BELT SOCIETY, salvo Emperado, fueron movilizados. Clarence Chang falleció durante el conflicto. A su regreso, los demás retomaron sus disciplinas originales, mientras que Emperado decidió continuar en solitario el desarrollo del kajukenbo, perfeccionando sus métodos y estructurando su programa técnico.
En 1950 fundó la primera escuela en el barrio de Palama Settlement, en Honolulu. Allí el kajukenbo comenzó a ganar reputación como un sistema contundente y eficaz. Su programa técnico combinaba katas, técnicas básicas, combinaciones tradicionales y un enfoque innovador que permitía evolucionar y adaptarse a nuevas situaciones. Esa combinación entre tradición y modernidad se convirtió en uno de los pilares fundamentales del estilo.
El crecimiento fue constante y, en 1964, el kajukenbo dio el salto al territorio continental estadounidense, estableciéndose en California de la mano de maestros como Tony Ramos, Aleju Reyes, Joe Halbuna y Charles Gaylord. Desde entonces, el sistema inició una expansión internacional que lo llevaría a distintos países del mundo.
La llegada a España.- El kajukenbo aterrizó en España en la década de 1970. En 1973, el hoy Grand Master Ángel García-Soldado, 10º Dan y uno de los máximos exponentes mundiales del sistema, conoció en la base aérea de Torrejón de Ardoz al maestro Edward Sheppard. Aquel encuentro marcaría el inicio de una nueva etapa para el kajukenbo en nuestro país.
Impresionado por la versatilidad, rapidez y contundencia del método, García-Soldado solicitó ingresar como alumno en un club formado mayoritariamente por militares estadounidenses. Tras superar un exigente periodo de prueba de dos meses, fue aceptado. Durante casi cinco años entrenó una media de tres horas diarias, asimilando no solo la técnica, sino también la filosofía y la estructura del sistema.
En marzo de 1978 asumió la dirección de la primera escuela civil fuera del entorno militar, en Alcalá de Henares (Madrid). Posteriormente comenzó a impartir clases también en Torrejón de Ardoz, consolidando la implantación del kajukenbo en territorio español. Desde España, el sistema comenzó a proyectarse hacia otros países europeos gracias a la labor constante de García-Soldado, que impartió formación en Francia, Suiza, Holanda, Reino Unido y Bélgica.
Implantación en Castilla-La Mancha.- En octubre de 1985 el kajukenbo se introdujo en Castilla-La Mancha, siendo la localidad pionera Moral de Calatrava, donde el sistema comenzó a echar raíces con fuerza. Lo que empezó como una nueva disciplina marcial pronto se convirtió en un proyecto sólido y duradero.
En este proceso de consolidación resulta fundamental la figura de Antonio Ruiz Bacete, Grand Máster de kajukenbo y cinturón rojo/plata 9º Dan. Su implicación fue decisiva para estructurar y fortalecer la práctica del sistema en la localidad. Con una dedicación constante a la enseñanza y a la formación técnica, Ruiz Bacete se convirtió en uno de los principales referentes del kajukenbo en la provincia.
Bajo su impulso, la escuela de Moral de Calatrava desarrolló una intensa actividad formativa y organizativa. No se limitó a la enseñanza regular, sino que promovió campeonatos regionales, seminarios técnicos y encuentros con grandes maestros, contribuyendo a la creación y consolidación de la Asociación Castellanomanchega de Kajukenbo.
Los resultados de ese trabajo han sido notables. Hasta la fecha, 36 alumnos han alcanzado el grado de cinturón negro en la escuela, varios de ellos proclamándose campeones de España en distintas categorías y participando en competiciones de kajukenbo, lima lama y kenpo. Este dato no solo refleja la calidad técnica de la enseñanza, sino también la continuidad y estabilidad del proyecto.
La escuela mantiene además vínculos con el Kajukenbo Self Defense Institute (KSDI) de Hawái, lo que garantiza una conexión directa con la tradición original del sistema. A lo largo de los años ha recibido la visita de destacados grandes maestros internacionales, reforzando su proyección y prestigio: Adriano Directo Emperado -Sijo (fundador)-, Gary Forbach, Joe Harbuna, y por supuesto, Ángel García-Soldado, que lo viene haciendo unas dos veces al año.
El kajukenbo no se concibe únicamente como un deporte de competición. Es, ante todo, un arte marcial orientado a la defensa personal eficaz. Exige preparación física, coordinación, concentración, perseverancia y disciplina. Su esencia radica en la adaptación constante y en la búsqueda de soluciones reales ante situaciones de agresión.
Desde las calles de Hawái en la posguerra hasta los tatamis de Castilla-La Mancha, el kajukenbo ha recorrido más de siete décadas manteniendo intacto su espíritu original. En Moral de Calatrava, gracias al trabajo de maestros como Antonio Ruiz Bacete y a la labor previa de referentes como Ángel García-Soldado, el sistema no solo se ha implantado, sino que ha florecido.
Texto: Juan Diego García-Abadillo.
Fotos: Kajukenbo Moral de Calatrava