Una historia familiar de superación y lucha hasta llegar a ser líderes del sector lácteo local

Oriundos del País Vasco y Asturias, emigraron a Guatemala donde anduvieron entre cafetales y ganado para, finalmente, afincarse en el vasto horizonte manchego. El origen de Finca Cantarranas va unido al emocionante pasaje vital de la saga familiar Garín Cobián, cuatro generaciones de agricultores y ganaderos, a caballo entre el Viejo y el Nuevo Continente. Una estirpe que, sea en España o en Centroamérica, ha luchado contra viento y marea para salir adelante, siendo pioneros y líderes en su territorio. Sin duda, toda una historia de superación digna de ser contada.


Hace casi 50 años, el 15 de julio de 1977, la Dirección General de Producción Agraria concede a Daniel Garín Ugarte el título de ganadería diplomada a su explotación animal de Cantarranas, ubicada en Valverde, anejo de Ciudad Real capital. Gracias a ello, Cantarranas inicia la producción de su famosa leche pura de vaca pasteurizada en bolsa, erigiéndose como granja sostenible desde sus comienzos.

De izquierda a derecha, Daniel Garín Ugarte, José Guillermo Garín Cobián y José Guillermo Garín Pérez, tres generaciones de una saga
de agricultores y ganaderos, en Guatemala; en la imagen de la derecha, una vista aérea de la finca Cantarranas en los comienzos.

Pero antes de continuar este reportaje, conozcamos a Daniel Garín Ugarte. Natural de Ordizia (Guipúzcoa), emigra en 1928, con 16 años, a Guatemala, a la ciudad de la Antigua, donde comienza a trabajar en una finca ayudado por su tío materno. Con los años, llega a ser encargado y contrae matrimonio con Delfina Cobián, hija de asturianos emigrantes, propietarios de la finca de al lado.


Daniel y Delfina forman una familia con sus hijos Rodolfo y José Guillermo Garín Cobián. Uno de ellos, José Guillermo, nacido en 1942 en Antigua (Guatemala), es la siguiente generación protagonista de esta historia. El patriarca, Daniel, ansía volver a España, como cualquier emigrante, por lo que se suceden los viajes a España para comprar terrenos y poder regresar a la patria. Mientras tanto, Daniel, junto a sus hijos Rodolfo y José Guillermo, gestionan una finca en el país guatemalteco, primero La Argentina, de cultivo de café, y luego Basconia, sucediéndose cultivos de algodón, caña de azúcar y después ganado. En 1969, en las idas y venidas de Guatemala a España, José Guillermo Garín Cobián conoce a Alicia Pérez, una joven madrileña, con la que contrae matrimonio y tiene dos hijos: José Guillermo y Blanca Alicia Garín Pérez, el primero nacido en 1970 en Guatemala capital, actual gerente de Cantarranas; y la segunda, nacida en 1973 en Ciudad Real. Ambos, cuarta generación de la saga.


Tras la búsqueda infructuosa de tierras por Andalucía y Navarra, la familia se decanta por Ciudad Real, debido a la cercanía con Madrid, ciudad de origen de Alicia. En 1972 se cierra la compra de la Finca Cantarranas a nombre de Daniel Garín Ugarte, aunque el que la explota será su hijo José Guillermo Garín Cobián. “Con la obtención de ganadería diplomada en 1977, comenzamos a producir bolsas de leche pasteurizada, producto estrella de Cantarranas que continúa hoy en día”, nos explica Garín Pérez.
En los inicios, la finca era de 40 hectáreas de terreno, tenía 40 vacas lecheras de raza frisona y 10 cerdas. En la actualidad se extiende por 200 hectáreas, 75 de regadío; y una cabaña que llegó a las 400 cabezas de ganado vacuno.

Izq.: Imagen de la granja y terrenos de la Finca Cantarranas. 2ª foto: Un lote de yogures y gelatinas. 3ª foto: La leche pasteurizada en bolsa. Dcha.: Vacas híbrido de cebú y santagertrudis, que poseían en Guatemala para la venta de carne en EE. UU.

En los 80 y 90, la vida en Cantarranas transcurría con la faena de la ganadería y agricultura, que dirigía José Guillermo Garín Cobián, ejerciendo incluso de veterinario; y la producción, comercialización y reparto de la leche en bolsa. Mientras, el joven José Guillermo Garín Pérez se forma como ingeniero técnico agrícola y realiza una licenciatura en Ciencias de los Alimentos en la Reading University en Berks, Reino Unido, “allí iban más avanzados que en España; fue una experiencia increíble, guardo un recuerdo muy cariñoso de mi tutor, Andrew Wilbey, recientemente fallecido”, nos cuenta.


Dicha especialización obedecía al propósito de la familia de montar una quesera en Cantarranas, aunque al final derivó hacia una fábrica de yogures, “convencí a mi padre porque una quesera requería 50.000 litros de leche y nosotros producíamos 3.000, cantidad suficiente para elaborar yogur sin comprar leche ajena”, explica el responsable. Con la formación de Garín Pérez se crea en unos años una línea de producción de yogures. El primer lote sale en junio de 1998, recuerda el jefe de fábrica, Tomás Muñoz.
Pero pronto grandes industrias lácteas del país deciden bajar el precio del yogur. El padre del actual gerente apuesta entonces por la incorporación de gelatinas a la cartera de productos. Tras una ardua investigación, el 14 de diciembre de 2001 comienza la producción de gelatina. En 2005, Royal encarga a Cantarranas la elaboración de su gelatina, “durante 3 años, cada semana, elaborábamos dos tráileres para Portugal y uno para Barcelona”, apunta Garín Pérez. Años más tarde, a petición de Carrefour, elaboran gelatina de mosto; fabrican marca blanca para Alcampo y venden en El Corte Inglés, Hipercor o E´Leclerc. Cantarranas, constituida en S.A., ha fabricado hasta 30 referencias entre yogures (con y sin azúcar, coco, plátano, fresa, limón…); gelatinas y extracolágenos (arándanos, fresa, cítricos, etc.).

Izq.: Título de ganadería diplomada concedido a Finca Cantarranas. Dcha.: José Guillermo Garín Pérez, en Reino Unido, junto
a su tutor y un compañero

En su trayectoria, antes de la pandemia, la Finca Cantarranas sufrió lo que en principio las autoridades creyeron que era tuberculosis bovina, y que, posteriormente, se descubrió que era un error y se trataba de una infección aviar traída por los pájaros. En ese ínterin, se llevó a cabo el sacrificio de 70 novillas, esquilmando el rebaño de Cantarranas y mermando la producción de leche de forma notable, de 6.600 a tan sólo 3.000 litros. Asimismo, la llegada del Covid-19 agravó la situación, reduciéndose el negocio con la hostelería de Ciudad Real, cerrada por el estado de alarma, “antes de esto contábamos con una buenísima cuota de mercado, abastecíamos a muchos hoteles, residencias y restaurantes”, señala el gerente de la finca.


En la actualidad, Cantarranas continúa trabajando en el campo y en la industria para producir el mejor yogur y gelatina sostenible y de kilómetro cero. Enhorabuena por la magnífica labor realizada hasta ahora, concentrada en cada cucharada de sus deliciosos y extraordinarios productos lácteos.


Texto: Oliva Carretero Ruiz Fotos: Ayer&hoy y cedidas por Finca Cantarranas y J.G. Garín Pérez