Ana Belén Jurado / Terapeuta Ocupacional del Centro de Respiro Alöis Alzheimer

El Alzheimer, como el resto de demencias, se caracterizan principalmente por un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas (memoria, atención, orientación, el lenguaje y la comunicación, razonamiento, lecto-escritura, cálculo…). Además, también se producen alteraciones psicomotrices, conductuales, en el estado de ánimo, etc.

Todas estas alteraciones producen dificultades en las actividades de la vida diaria (AVD), desde las más complejas (trabajo, manejo de dinero, cuidado de otros, organización del hogar…) hasta las actividades más básicas, que incluyen todas las tareas de autocuidado (asearse, vestirse, ir al baño…). Además, debido a los problemas en la comunicación y problemas conductuales también se produce una disminución o desaparición de las actividades de ocio y relaciones sociales. Como consecuencia, la persona tenderá a la inactividad y al aislamiento social, agravando a su vez el cuadro sintomatológico de la enfermedad y acelerando en muchos casos el curso de ésta y la sobrecarga al cuidador principal.

De ahí radica la importancia de un diagnostico precoz y una intervención temprana, tanto a nivel farmacológico como no farmacológico, ya que, aunque en la actualidad aun no se ha encontrado cura para el Alzheimer, estos tratamientos pueden contribuir a ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en su vida cotidiana.

Múltiples investigaciones ponen en evidencia el impacto positivo que los tratamientos no farmacológicos como la estimulación cognitiva (EC) tienen en el curso de las demencias. La EC son un conjunto de actividades pautadas de forma organizada que se realizan a través de ejercicios de memoria, atención, percepción, técnicas de orientación a la realidad, concentración, lenguaje, cálculo, funciones ejecutivas, etc. Las cuales, tienen un impacto en el cerebro potenciando mecanismos de regeneración neuronal, nuevas conexiones neuronales y aumentando la reserva cerebral.

Desde nuestra larga experiencia, estas terapias son decisivas en la evolución de la enfermedad, y acudir a un recurso especializado en las primeras fases de la enfermedad es clave para conseguir ralentizar el deterioro cognitivo, minimizar las alteraciones conductuales y mejorar el estado de ánimo favoreciendo un mayor grado de autonomía durante más tiempo y mejorando la calidad de vida tanto del enfermo como del cuidador.