
Mónica Sánchez de la Nieta / Presidenta de Anpe Ciudad Real
Cada vez que se habla del futuro de la educación aparecen las mismas palabras: inteligencia artificial, digitalización, plataformas educativas, innovación metodológica. Parece que todo cambia a gran velocidad en las aulas. Sin embargo, en medio de esa transformación constante hay una realidad que sigue siendo esencial y que a veces corre el riesgo de pasar desapercibida: la figura del docente.
Detrás de cada aprendizaje significativo sigue habiendo una persona que explica, acompaña, orienta y cree en el potencial de sus alumnos. Ninguna tecnología, por avanzada que sea, puede sustituir esa relación humana que constituye el núcleo de la educación.
Como profesora y presidenta de ANPE (sindicato de profesores de la enseñanza pública) en Ciudad Real, tengo la oportunidad de escuchar a diario las inquietudes de muchos compañeros y de observar de cerca cómo evoluciona la realidad educativa en nuestros centros. Y hay algo que la experiencia en el aula confirma una y otra vez: enseñar no consiste únicamente en transmitir información.
Hoy los estudiantes pueden acceder a miles de contenidos en internet, ver explicaciones en vídeo o consultar cualquier dato en cuestión de segundos. Pero aprender no es solo encontrar información. Aprender implica comprender, reflexionar, desarrollar pensamiento crítico y adquirir valores. Y en ese proceso el papel del profesorado es insustituible.
Los docentes no solo explican los contenidos de una materia. También detectan dificultades de aprendizaje, acompañan procesos personales, motivan al alumnado que ha perdido la confianza en sí mismos y ayudan a descubrir capacidades que muchas veces ni siquiera el propio alumnado sabía que tenía. En numerosos casos, además, la escuela se convierte en un espacio de referencia y apoyo para jóvenes que viven situaciones personales complejas fuera del aula.
Sin embargo, junto a esta labor educativa también ha ido creciendo en los últimos años una preocupación cada vez más presente en los centros: los problemas de convivencia. Cuando se habla de convivencia escolar, a menudo se piensa únicamente en el comportamiento del alumnado dentro del aula. Pero la realidad es bastante más amplia.
Muchos docentes se enfrentan hoy a situaciones de falta de respeto, interrupciones constantes o dificultades para mantener un clima adecuado de aprendizaje en clase. Estas situaciones no solo afectan al profesorado, sino también al conjunto del alumnado que quiere aprender en un entorno tranquilo y ordenado.
A ello se suma otra realidad que preocupa cada vez más en los centros educativos de nuestra provincia: el aumento de conflictos con algunas familias. En los últimos años, profesores han tenido que afrontar presiones, descalificaciones e incluso amenazas cuando surgen desacuerdos sobre evaluaciones, normas de convivencia o decisiones educativas.
Los datos reflejan que esta preocupación no es únicamente una percepción del profesorado. Según el informe del servicio Defensor del Profesor del sindicato ANPE, durante el curso 2023-2024 y 2024-2025 se registraron 98 y 118 casos de agresiones, amenazas o conflictos graves hacia docentes en Castilla-La Mancha, de los cuales 20 se produjeron en la provincia de Ciudad Real. Son únicamente los casos que llegan a denunciarse o a solicitar asesoramiento. Además, hasta el 82 % del profesorado afirma haber sufrido a lo largo de su carrera algún tipo de agresión verbal, insulto o falta grave de respeto. Es una cifra que invita a la reflexión sobre el clima social que rodea a la educación.
A pesar de ello, conviene subrayar que la inmensa mayoría de las familias mantiene una relación positiva con los centros educativos y valora el trabajo del profesorado. La colaboración entre escuela y familia es, de hecho, uno de los factores más importantes para el éxito educativo de los jóvenes.
La sociedad exige cada vez más al sistema educativo, y para responder a esos retos es fundamental contar con docentes bien formados, valorados y que puedan trabajar en un entorno de respeto. Invertir en educación no es solo mejorar infraestructuras o introducir tecnología, sino también confiar en quienes enseñan. Porque, en esencia, la educación sigue siendo una tarea profundamente humana. Detrás de cada aprendizaje importante siempre habrá un docente que enseñó, orientó y creyó en su alumnado.