La Posidonia oceánica, comúnmente conocida como hierba de Neptuno, no es un alga, sino una planta marina con raíces, tallos, hojas, flores e incluso frutos. Es exclusiva del mar Mediterráneo y forma extensas praderas submarinas que cumplen funciones ecológicas fundamentales: producen oxígeno, estabilizan los sedimentos marinos, protegen las costas de la erosión y sirven de refugio a cientos de especies marinas. Su presencia indica buena calidad del agua, lo que la convierte en un excelente bioindicador ambiental. A diferencia de las algas, la Posidonia crece lentamente y forma estructuras llamadas “mattes”, capas densas de raíces y rizomas que pueden tener varios metros de grosor y miles de años de antigüedad. En zonas como las Islas Baleares, algunas de estas praderas se estiman con una edad de más de 100.000 años. En 2006, un estudio genético identificó una sola colonia clonal de Posidonia oceanica cerca de Ibiza y Formentera que cubre más de 8 kilómetros de longitud. Aunque está formada por millones de hojas y tallos, todos comparten el mismo código genético, lo que la convierte en un único organismo, posiblemente el más grande y uno de los más antiguos del mundo. En algunas zonas como las Islas Baleares, la UNESCO ha declarado estos hábitats Patrimonio de la Humanidad.