
Juana Illana / Profesora de Primer Ciclo Escuela Infantil
Muchos niños inician sus primeros pasos por la senda educativa a la edad de un año convirtiéndose en un momento significativo para su desarrollo personal y social. Es la primera experiencia educativa fuera del entorno familiar y representa un proceso de adaptación progresivo en el que confluyen aspectos emocionales, sociales, cognitivos y motrices de vital importancia para estos peques.
La llegada al contexto educativo, es decir, iniciar lo que todos conocemos como periodo de adaptación, requiere dedicar un tiempo de calidad acompañado de una mirada de especial atención con la colaboración activa y cercana de las familias. Durante estas primeras semanas, los peques establecen un vínculo afectivo con su educadora de referencia, lo que le proporciona seguridad y confianza para desenvolverse en el nuevo contexto fabricando nuevas experiencias.
La entrada en escena de manera progresiva de las rutinas diarias adquiere especial relevancia, aportando: tranquilidad, seguridad emocional, anticipación favoreciendo la adquisición de hábitos básicos de autonomía.
Todos estos ingredientes permiten que fluctúe el juego en paralelo y el contacto con otros niños de la misma edad promueve el inicio de la socialización. La interacción a través de la imitación, el gesto y la observación constituye la base para futuras relaciones cooperativas, así como los primeros intentos de comunicación verbal, la exploración del espacio y la interiorización de normas sencillas de convivencia.
El contexto educativo se convierte en un espacio de estimulación temprana. A través de propuestas sensoriales se estimula su creatividad y se fomenta el aprendizaje a través del juego, favoreciendo el desarrollo psicomotor, la adquisición del lenguaje, la curiosidad, el descubrimiento y la exploración. Todo esto junto hace la magia.
Aunque la implementación oficial de la metodología IB comienza en el segundo ciclo de Infantil, desde que los niños ingresan con un año comenzamos a prepararlos para este enfoque educativo. Adaptamos progresivamente los principios del IB a su desarrollo y a las actividades propias de esta etapa. Así, sentamos unas bases sólidas que facilitan su transición natural al programa oficial cuando llega el momento.
Ellos son los protagonistas. Los principios de esta metodología respetan y atienden el ritmo evolutivo de los más pequeños desde que comienzan esta aventura. Las experiencias sensoriales conllevan en los peques una conducta y actitud innata de exploración, descubrimiento e indagación. Se preparan los escenarios y son los peques los que eligen dónde ir y cómo utilizar el material propuesto. Su imaginación les lleva a investigar, explorar, elegir, iniciar y desarrollar el aprendizaje basado en sus intereses, compartiendo con los compañeros e interactuando entre ellos. La maestra se convierte en la guía de su propio aprendizaje que constituye la actividad fundamental en la primera infancia y la vía natural a través de la cual los niños exploran, conocen y se relacionan con el mundo.
En el aula de un año, el juego libre y las experiencias sensoriales adquieren un papel central. Ambas responden a las necesidades de descubrimiento, movimiento y experimentación propias de esta etapa evolutiva. Así se respeta el ritmo evolutivo individual de cada niño como principio fundamental, contribuyendo a la libertad de movimiento y desarrollo del pensamiento crítico.
Gracias a esta metodología y sin directriz del adulto, el niño es protagonista y puede:
• Explorar materiales y espacios a su ritmo.
• Desarrollar la motricidad gruesa y fina mediante la manipulación y el movimiento.
• Iniciar la socialización, aunque aún predomine el juego en paralelo.
• Reforzar su autoestima al tomar decisiones y experimentar la satisfacción de sus logros.
La exploración sensorial resulta esencial para el aprendizaje. Las propuestas sensoriales favorecen la experimentación directa, la curiosidad y la creatividad. Entre las más habituales se encuentran:
• Juegos con texturas: telas, papeles, elementos naturales.
• Exploración con agua y arena: actividades de trasvases, vaciado y llenado.
• Materiales no estructurados: objetos cotidianos con múltiples opciones de manipulación.
• Experiencias sonoras y musicales: instrumentos sencillos, canciones, ritmos.
• Estimulación visual: luces, colores, contrastes y materiales translúcidos.
Un camino que empieza con paso firme.- Comenzar una aventura en 1 año de este calibre implica estar a la altura de unos protagonistas tan mágicos que van a orquestar toda la función.
Es importante ofrecerles un camino lleno de seguridad, confianza, cariño y alegría, que lleve a estos pequeños a despegar sus alas ofreciéndoles un entorno delicioso en estímulos y hecho a su medida para ayudarles en su desarrollo. Todo ello desde una mirada respetuosa y atenta, garantizando un contexto de seguridad, disfrute y crecimiento en estas experiencias.
“Los niños pequeños no aprenden a través de lo que decimos, sino de lo que experimentan”.