
Cristóbal Agüero / Responsable de prensa del Fénix Basket Club
Diagnóstico: Incertidumbre y miedos.- Cuando un niño es diagnosticado con diabetes tipo 1, la primera reacción es de desconcierto. De un día para otro aparece una enfermedad crónica que obliga a incorporar controles diarios de glucosa, pesar los hidratos de carbono en cada comida e inyectarse insulina varias veces al día. La diabetes tipo 1 significa, en pocas palabras, que el páncreas deja de producir insulina y que, a partir de ese momento, será necesario administrarla desde fuera de por vida.
Los primeros días están marcados por el miedo. Miedo a una hipoglucemia en medio de un partido, a no saber reaccionar a tiempo, a que entrenadores o compañeros no comprendan la situación. También preocupa si la enfermedad será un freno para seguir entrenando con la misma ilusión. En ese momento, parece que ya nada seguirá siendo igual.
Entre tantas preguntas y emociones, surge una inquietud lógica: ¿podrá un niño seguir practicando deporte con normalidad? ¿Y baloncesto, un deporte tan exigente, lleno de carreras, cambios de ritmo y esfuerzo intenso?
Sin embargo, con el paso de las semanas, se aprende que la clave no está en renunciar, sino en adaptarse. Con controles adecuados, planificación y la ayuda y apoyo de entrenadores y compañeros, el baloncesto no sólo sigue siendo posible, sino que puede practicarse con seguridad y normalidad.
Los beneficios de la práctica del baloncesto con diabetes.- Lejos de ser un problema, el deporte es un gran aliado para los niños con diabetes tipo 1. Practicar ejercicio de manera regular mejora la sensibilidad a la insulina, ayuda a controlar los niveles de glucosa y favorece la salud en general. Además, refuerza la autoestima, libera tensiones y aporta un bienestar emocional muy necesario en un momento en el que la enfermedad puede generar inseguridad.
El baloncesto, en particular, ofrece beneficios únicos. Es un deporte dinámico, que combina resistencia, velocidad, fuerza y coordinación, lo cual contribuye a prevenir complicaciones asociadas a la enfermedad, aparte de favorecer la concentración, la toma de decisiones rápidas y el trabajo en equipo.
No todo es sencillo: se necesita medir antes, durante y después de cada entrenamiento, ajustar la alimentación y conocer cómo reacciona el cuerpo en distintas situaciones. A veces habrá que parar, otras veces reforzar con un pequeño extra de energía. Pero esa atención adicional se transforma en aprendizaje y madurez.
Grandes jugadores con diabetes que llegaron a lo más alto.- Tener referentes es clave, y entre los más inspiradores destacan Lauren Cox y Adam Morrison. Lauren fue diagnosticada con diabetes tipo 1 a los cuatro años y, lejos de frenar sus aspiraciones, brilló en la Universidad de Baylor, donde ganó un campeonato de la NCAA, antes de dar el salto a la WNBA, convirtiéndose en un ejemplo de superación para miles de jóvenes. Por su parte, Adam convivió con la enfermedad desde la infancia y, pese a las dudas iniciales, llegó a la NBA, donde alcanzó la cima como campeón con Los Angeles Lakers en dos ocasiones.
En España, el ejemplo más cercano es Lucas Marí, escolta formado en la cantera del Valencia Basket. Con apenas 17 años debutó en la Liga ACB frente al Unicaja Málaga, disputando otros cinco partidos esa misma temporada. En 2023, consiguió la plata en el Europeo Sub-18 con la selección española en Serbia, y ahora, con 19 años y 1,97 m de altura, afrontará un nuevo reto en la NCAA durante la temporada 2025-26.
Sus historias demuestran que la diabetes tipo 1 no es un freno para seguir creciendo y soñando con el baloncesto.