Fidel Torres / Periodista

Decíamos ayer, pequeño revoltoso, que el periodismo ya no es lo que era. Bueno, tú dirás que como tantas y tantas cosas, pero yo te añado que mientras muchas de ellas cambian para bien, los medios de comunicación, pero sobre todo los comunicadores, han evolucionado hacia peor. Ha habido una especie de “corrupción” que, creo, tiene gran parte de su origen en internet y las redes sociales.

-No me irá a decir, maestro insigne, que está en contra de las nuevas tecnologías y del avance que éstas han supuesto para facilitar la comunicación entre las personas.

– Sabes perfectamente que defiendo todo lo que sea progreso, especialmente el tecnológico. Lo que no defiendo es la utilización que se hace de ese avance para destrozar la convivencia entre personas, para imponer la ley del más fuerte (que mayoritariamente coincide con el más sinvergüenza y sin escrúpulos) aprovechándose precisamente de esa tecnología.

– Explíquese, porque me tiene en ascuas. O se acepta el progreso o se rechaza. O está a favor de internet o en contra. ¿No es así?

– Acepto internet como uno de los más grandes avances de la humanidad, especialmente para abrir fronteras, conocer nuevas culturas, compartir información, intercambiar pensamientos y lograr lo que se ha llamado “la aldea global”. Especialmente para romper fronteras. El usuario de internet se hace ciudadano del mundo de forma que la famosa frase del latino Terencio “Soy un hombre, nada humano me es ajeno”, que don Miguel de Unamuno matizó cambiando el genérico “humano” por el concreto “hombre” afirmando “Soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño”, toma su valor precisamente con esa apertura al mundo entero, con ese abrir de brazos a todo hombre, sea blanco, negro, amarillo, cobrizo o malayo, tal y como durante el siglo XX se clasificaban y explicaban las diversas razas humanas. (Véase la enciclopedia Álvarez).

– Pues sigo sin ver el problema.

– Pues está, precisamente, pequeño e ingenuo manchego, en que muchísimas veces, esta maravillosa herramienta se utiliza para ofender, humillar y, en definitiva, destrozar a las personas, bien con informaciones “de los profesionales” que son pura basura, eso que ahora se llama “fake news” (esa es otra, tener que meter en danza al idioma inglés y no poder decir en cristiano “noticias falsas”), o bien con lo que todos los días aparece en las llamadas redes sociales, donde los canallas más cobardes y viles sueltan su veneno contra todo lo que se menea, sean los compañeros de trabajo, los familiares, los propios “amigos”, los políticos del partido adversario, o cualquier ser (animal, vegetal o mineral) que les caiga mal o, simplemente, pase por allí.

– Bien, ya veo el problema. Pero, ¿cuál es la solución? Porque usted, venerado maestro, siempre ha insistido en que de nada sirve señalar problemas (algo en lo que los demagogos son expertos) si no se aportan posibles soluciones y, además, que éstas sean viables.

– Tienes razón, Lorencito, minúsculo aprendiz de sabio, que caminas por la senda del aprendizaje con más entusiasmo que un enamorado hablando por whatsapp. Ahí va. La posible solución afecta en dos sentidos. Por una parte a las autoridades; por otra, a todos los ciudadanos. Lo primero, tanto para unos como para otros, es ser conscientes del problema y de que, este, es muy grave. Me temo que, de momento, pocos piensan así. A continuación, localizado el problema, poner coto a los desmanes. Tanto por parte de las autoridades, no censurando, pero si controlando, como por parte de los ciudadanos, denunciando públicamente a quienes violen los más elementales derechos de las personas y expulsándoles de las redes sociales, no hacerles, por contra, el caldo gordo, como se hace muchas veces riéndoles las gracias. Y sobre todo, mucha formación, desde los colegios.

-¿Y con los medios de comunicación?

– De la misma forma, y con la misma saña y medios con la que se persigue la droga, debería perseguirse la mentira, el bulo, la difamación, la intoxicación informativa y todo eso que ahora se llama “fake news”, sobre todo si viene de medios de comunicación, ya sean escritos, hablados o televisados. Y esto es obligación de los gobiernos que, cuando quieren, bien que saben crear policías, tribunales, fiscales y jueces especiales. Si hay algo peligroso para una sociedad (democrática), es el cáncer de la mentira.

– ¡No esperará, oh ingenuo maestro, que esto vaya a ocurrir!

– No Lorencito. No lo espero, pero lo deseo. Y para ello, como ya he dicho antes, lo primero que hay que hacer es ver el problema, luego denunciarlo (y aquí lo denuncio) y, en tercer lugar hacerlo llegar a las autoridades de la forma que mejor se pueda.

– Pues a mí me da, y usted perdone mi escepticismo, que tanto con las autoridades que tenemos, como con las que en poco tiempo nos van a venir, las “fake news” van a campar por sus respetos y las redes sociales van a seguir supurando porquería por los siglos de los siglos.

– Pues amén, Lorencito. Yo pongo aquí mi granito de arena a ver si se hace una montaña.