Dr. Luis Alberto Marín Morales / Traumatólogo Cofundador de MAETRA

Un quiste de Baker es un bulto lleno de líquido detrás de la rodilla que causa una protuberancia y una sensación de tirantez. Es también conocido como “quiste poplíteo”, y solo en ocasiones causa dolor. Este dolor empeora al estar en actividad o si se endurece o flexiona la rodilla por completo.

Generalmente es el resultado de un problema en la articulación de la rodilla, y en la mayoría de las ocasiones está asociado a un problema artrósico, aunque también puede observarse en artritis reumatoide, infecciones y traumatismos. La mayoría de los quistes poplíteos son asintomáticos e invisibles en el examen físico y, por lo tanto, se descubren por casualidad durante la realización de un examen de imagen de la rodilla, como la resonancia magnética, solicitado por cualquier otra razón. En general, el quiste de Baker en una enfermedad de adultos, presentándose con mayor frecuencia después de los 35 años de edad. A medida que el individuo envejece, más se desgasta la articulación de la rodilla y mayor es la incidencia de este problema. La aparición de los síntomas depende de varios factores, como su tamaño o la existencia de complicaciones, como el crecimiento excesivo o la ruptura del quiste.

Cuando el quiste poplíteo causa síntomas, los más comunes son:
• Dolor en el hueco poplíteo (parte posterior de la rodilla)
• Rigidez de la articulación de la rodilla
• Aparición de un nódulo palpable y visible detrás de la rodilla, sobre todo cuando esta se encuentra en extensión.

Estos síntomas suelen empeorar con el esfuerzo físico. El quiste poplíteo no es preocupante, ni es un cáncer ni jamás se convertirá en ello. Es solo una lesión benigna por acúmulo de líquido a ese nivel.

En el diagnóstico suele ser suficiente una buena exploración para palpar la lesión. Si se tienen dudas podemos realizar una Ecografía que delimitará el quiste y nos dirá el tamaño. Solo en caso de dudas diagnosticas podemos prescribir una RMN que también nos servirá para conocer lesiones asociadas en caso de que las hubiera (lesiones meniscales, de cartílago…). En ocasiones, cuando se produce una rotura espontánea del mismo puede simular una trombosis venosa profunda, en cuyo caso puede ser necesaria la realización de una eco-doppler.

En cuanto al tratamiento, ya hemos dicho que la mayoría son pequeños y asintomáticos por lo que no precisan ningún tipo de actuación, y lo habitual es que desaparezcan solos. En aquellos que son grandes o que causen síntomas la primera actitud es realizar una artroscopia de rodilla para drenar el exceso de líquido y posteriormente inyectar un glucocorticoide. Con este tratamiento, a la semana, más del 70% de los quistes se resuelven. Solo en aquellos casos en los que no sea efectiva esta técnica estaría indicada una cirugía abierta para extirpación de la lesión, si bien hay que tener en cuenta la localización del mismo, cercano a las estructuras vasculonerviosas de la rodilla, por lo que las complicaciones no son raras.