Raúl Fernández Sánchez / Colaborador BM Caserío

A veces, entre tanto ruido de competición y exigencia de la élite, necesitamos pararnos a respirar y recordar quiénes somos. Este pasado mes de enero lo hemos hecho de la mejor manera posible: volviendo la vista atrás para entender por qué hoy pisamos con tanta fuerza el Quijote Arena. No somos un club que apareció ayer; somos la suma de miles de tardes de balonmano y barro.

El orgullo de nuestra cuna.- Para nosotros, hablar de Marianistas no es hablar de un colegio cualquiera; es hablar de nuestra propia casa. Estos días, al ver esas fotos antiguas y rendir homenaje a nuestra cantera, hemos sentido un pellizco en el pecho. Recordar dónde empezó todo nos devuelve a la realidad de lo que representamos. Somos herederos de ese patio de cemento, de esos entrenadores que nos enseñaron que el balonmano era mucho más que un deporte. Ese reconocimiento a la cantera de Marianistas es el abrazo que nos damos a nosotros mismos, a nuestra historia y a todos los que, desde la base, han construido este sueño que hoy defendemos en la Asobal. Sin ese patio, no existiríamos.

Un regreso con alma.- Nuestro regreso a casa no podía ser un simple partido. Cuando nos enfrentamos al Benfica, no buscábamos solo medir fuerzas con un gigante europeo; buscábamos demostrar qué tipo de club queremos ser. Bajo la batuta de Rafael López León, convertimos esa jornada en un motor de ayuda. Para nosotros, jugar al balonmano tiene sentido si sirve para transformar nuestro entorno. Nos emocionó ver cómo respondimos como bloque, asistiendo al pabellón no solo por el espectáculo, sino por la causa solidaria que nos unía.

El escudo como bandera social.- Esa misma entrega es la que hemos puesto en cada gesto de este mes. Ya sea apoyando a la Asociación Española contra el Cáncer o compartiendo momentos con los chicos de Aspacecire para nuestro calendario solidario, tenemos claro que nuestra responsabilidad social es innegociable. No nos conformamos con marcar goles; queremos dejar huella en Ciudad Real. Ser del Caserío implica, sobre todo, entender que nuestra responsabilidad no termina cuando suena la bocina. Este pasado mes hemos dado un paso de gigante en nuestro compromiso con Ciudad Real. Nos llena de orgullo compartir que ya tenemos ganador para el I Premio al Proyecto Social Caserío. En un acto cargado de emoción en la sede de Globalcaja, entregamos esos 4.000 euros a la Facultad de Educación de Ciudad Real.

En definitiva, nos ha servido para reafirmarnos. Somos una familia que no olvida sus raíces en Marianistas y que entiende que nuestra verdadera victoria está en la mano que tendemos a los demás. Sigamos cuidando este legado, porque mientras estemos unidos, nuestro Caserío seguirá siendo el orgullo de nuestra ciudad.

¡Vamos Caserío!