
Raúl Fernández Sánchez / Colaborador BM Caserío
Dicen que el tiempo vuela cuando uno es feliz, y si echamos la vista atrás hacia aquel lejano mes de enero, parece increíble todo lo que hemos vivido en estos doce meses. Para la familia del Balonmano Caserío, el 2025 no ha sido un año más; ha sido el año de la confirmación, del crecimiento imparable y, sobre todo, de un sueño cumplido que aún nos pone los pelos de punta al recordarlo.
Un ascenso forjado con sudor y corazón.- Sin duda, el gran éxito deportivo que marcará este año en los libros de historia del club es el ascenso a la División de Honor. No fue un camino de rosas. Fue el resultado de tardes de tensión en el Quijote Arena, de viajes interminables en autobús y de una fe inquebrantable en un modelo de club y de filosofía deportiva. Con tranquilidad, sin grandes alardes, paso a paso y con dosis infinitas de respeto y buen hacer.
Pero lo más difícil no es llegar, sino demostrar que perteneces a la élite. Y si alguien tenía dudas, lo vivido el pasado 21 de diciembre ante el Granollers las despejó de un plumazo. Esa victoria vibrante, peleada hasta el último aliento contra un gigante histórico de nuestro balonmano, no fue solo un triunfo más: fue la declaración de intenciones de un equipo que ya tutea a los grandes. El Quijote Arena volvió a ser esa caldera donde los sueños se hacen realidad. Algunos pensaban que nunca volveríamos a experimentar esa magia… Hoy, esa mística casi es una realidad que, me atrevería a decir, es más sostenible, verdadera y auténtica que la de antaño.
Mucho más que 60 minutos en pista.- Sin embargo, desde el club siempre hemos apostado porque el resto de nuestros fines corporativos estén al mismo nivel que el deportivo, y este 2025 lo hemos vuelto a demostrar con hechos. La consolidación y ampliación de nuestra labor social ha sido, quizás, el gol más importante que hemos metido. Nuestra colaboración con asociaciones locales, los proyectos de inclusión y la presencia constante en la vida social de Ciudad Real han crecido de forma exponencial. El club no solo vive para ganar partidos, vive para devolverle a la ciudad todo el cariño que recibe. Ver a los jugadores integrados y miembros del club en causas sociales nos recuerda que el escudo que llevan en el pecho tiene un latido muy humano.
Una cantera que es el motor del futuro.- Si bajamos la vista a la base, el panorama es igual de ilusionante. La Escuela del club ha experimentado un aumento que nos ha desbordado positivamente. Ver cada tarde las pistas llenas de niños y niñas con la camiseta amarilla, aprendiendo no solo a botar el balón, sino a respetar al rival y a trabajar en equipo, es la mayor garantía de que el Caserío tiene cuerda para rato. Ellos son el relevo, la savia nueva que sueña con repetir algún día gestas como la de ayer.
Ciudad Real vuelve a vibrar.- Y nada de esto tendría sentido sin vosotros. El entusiasmo que se respira en las calles, esa “marea amarilla” que cada vez es más ruidosa y numerosa, es lo que realmente nos empuja. Ciudad Real ha vuelto a demostrar que respira balonmano por los cuatro costados. Ese rugido del pabellón en los momentos críticos contra el Granollers fue nuestro séptimo jugador, el aliento necesario para tumbar a un histórico.
Cerramos diciembre con el corazón lleno y la maleta cargada de retos. 2025 se va dejándonos un Caserío más grande, más social y más competitivo que nunca. Gracias a cada socio, a cada patrocinador y a cada vecino por ser parte de esta locura. ¡A por un 2026 inolvidable!